lunes, 15 de julio de 2024

Sostiene Pereira

Acabo de leer una deliciosa novela breve del escritor italiano, profesor de lengua y literatura portuguesa, Antonio Tabucchi, Sostiene Pereira, por cierto, también dentro de los 1001 libros que uno debe leer antes de morir.

Aunque el libro es narrado en tercera persona, el autor continuamente suelta la sentencia sostiene Pereira, como si estuviera dando cuenta de un interrogatorio al que se hubiera sometido a Pereira, oscuro personaje, responsable de la sección cultural de un modesto periódico, el Lisboa, de la capital portuguesa. Viudo, por la muerte de su esposa diez años atrás, vive solo, acompañado únicamente por la foto de su mujer, con la que de continuo habla pidiéndole consejo o simplemente conversando con ella.

Pereira se ve en la necesidad de contratar a un ayudante que se encargue de las necrológicas de autores próximos a morir o bien que fallecieron hace tiempo y que pudieran merecer algunas líneas biográficas, mientras él se hace cargo de las efemérides de la sección y de traducir novelas francesas de escritores del siglo XIX. Así va acumulando Pereira numerosos escritos de Francesco Monteiro Rossi, su ayudante, que nunca da a la imprenta por considerarlos, por una u otra razón, impublicables. Conviene anotar que la acción transcurre durante 1938, época del dictador Salazar en Portugal, Francisco Franco en España, Benito Mussolini en Italia y Adolfo Hitler en Alemania, ¡menudo brete!

En el ínter, Monteiro Rossi introduce a Pereira con su pareja, Marta, y ambos involucran de tal manera al periodista en sus asuntos, aunque con plena voluntad y asequibilidad de éste, que al final no encuentra salida, habida cuenta del involucramiento de aquéllos en la Guerra Civil Española a favor de la República.

El inesperado e impresionante final es digno del mejor periodismo que se pueda imaginar, no en balde Tabucchi se inspiró en un personaje real al que se refiere en la nota final de su encantador relato.

¡Merecido lugar de honor en las mil y una historias que hay que leer antes de morir!

viernes, 12 de julio de 2024

Depresión posparto

Por más que mi hija Caro insista en que lo mío es depresión posparto, es decir, que la padezco desde que nací, yo le reviro que hay circunstancias en la vida que le van haciendo a uno insoportable la existencia. Me explico.

Cuando radicábamos en la Ciudad de México, hace exactamente veintiún años, yo era feliz leyendo el Reforma gratuitamente en Internet. Tiempo después lo hicieron de uso restringido en su totalidad y ya no pude seguir disfrutando de su lectura, por lo que, ya en León, no me quedó de otra más que suscribirme al modesto diario local, el cual, parafraseando a Churchill, es el más malo del Bajío excepto todos los demás. Ya se imaginarán.

Sin embargo, me acostumbré a leer El Universal, también gratuitamente, y resultaba de calidad similar a la del Reforma. Por desgracia, hace relativamente poco tiempo, aquél empezó a adoptar también las malas prácticas de éste y comenzó a hacer de acceso restringido algunos artículos de opinión, lo que no representó mayor problema al permitir el acceso libre a algunos otros y a sus noticias todas en general.

En el ínter, entré en crisis con mi periódico local, como quedó de manifiesto en https://blograulgutierrezym.blogspot.com/2024/02/el-periodico-nunca-llego.html. Pero por andar de hocicón en ese escrito, vanagloriándome de que lo podía yo seguir leyendo gratuitamente en su versión digital, que lo hacen cobrable, y no me quedó más remedio que resuscribirme a los tres meses de haberlos mandado al carajo, y desembolsar los casi dos mil pesos anuales de rigor por la suscripción.

Para acabarla de fastidiar, El Universal se volvió ya casi tan voraz como el Reforma y es prácticamente de acceso restringido en su totalidad. ¡Pasquines inmundos!, diría YSQ.

¿Adónde voy con todo esto? A que muy seguramente en un futuro no muy lejano nos tendremos que conformar con nuestro mediocre periódico local de dos mil pesos, pues nos será imposible desembolsar los varios miles que se requerirían para tener acceso a los medios de mayor calidad, o suscribirnos sólo a uno de éstos con el inconveniente de dejar de estar informados de lo que nos afecta más directamente en la comunidad.

¿Y así quieren que uno no se deprima?

En fin, mientras sigamos teniendo acceso gratuito en Internet a publicaciones como El Financiero, Excélsior, Milenio, El Heraldo de México y hasta La Jornada, hay que aprovecharlo, y así crear una opinión propia lo suficientemente sólida.

¡Vivan el acceso libre a la información y la libertad de expresión! 

domingo, 7 de julio de 2024

Los 1001 libros

Un día, navegando por Internet, encontré la lista de los 1001 libros que uno debe leer antes de morir. Haciendo rápidas cuentas me deprimí al darme cuenta que si uno, en promedio, lee 20 libros al año, tendría que invertir cincuenta años para lograr ese propósito. Pero si nos atenemos al promedio de dos libros al año -que me parece exagerado, pues no creo que lleguemos ni a eso- que el mexicano lee, le tomaría a éste la friolera de quinientos años para llegar al referido propósito, por lo que si no empieza ahora mismo, muy difícilmente conseguirá ya esa ansiada meta.

Buscando en Amazon encontré una antología con un título homónimo, 1001 libros que hay que leer antes de morir / Relatos e historias de todos los tiempos (Grijalbo, 2014), que ha de ser una chulada, un tanto desactualizada a diez años de haber sido publicada, pero chulada al fin. Lo que me frenó a pedirla, además de su desactualización, fue el precio, que viene desde España y tarda mes y medio en llegar, además de que en los comentarios alguien se quejaba de que no le llegaba… y no le llegaba.

En fin, lo que llamó mi atención de la primera lista, la de Internet, fue que uno de tales libros era Los novios, de Alessandro Manzoni (1785-1873), que recordé que es una de las novelas favoritas del papa Francisco I, pues así lo declaró apenas iniciado su pontificado, lo que me hizo pensar que, aunque le gustara al papa, a lo mejor no era un libro tan malo, así que me dispuse a adquirirlo en Amazon mismo en una edición baratísima, mala por lo mismo, pero que se deja leer perfectamente bien.

Y sí, es una novela larga e interesante, que dice el papa que ha leído ¡tres veces!, y que versa sobre dos jóvenes enamorados a los que el maldito del pueblo, don Rodrigo, frustra en sus intenciones de casarse debido a las insanas pretensiones que éste mantiene sobre la joven, Lucía Mondella, importándole un bledo que ella ya se encuentre prometida a Lorenzo (Renzo) Tramaglino. El maldito cuenta con la colaboración involuntaria del sacerdote del pueblo, don Abbondio o Abundio, un hombre apocado, pusilánime y cobarde al que aquél amenaza de muerte por medio de sus esbirros (bravos, los llama el autor) si se atreve a casar a la pareja.

Si alguno está interesado en ver cómo el papa Francisco se refiere a este personaje en una homilía  pascual, no tiene más que guglear Los novios papa Francisco y dar clic en un video del 28 de mayo de 2020 ahí desplegado, de tan sólo cuarenta segundos de duración. Hasta ese honor mereció don Abundio, sin merecerlo, obviamente.  

Con esto dejo incólume la sabrosa trama de la historia, es decir, no se las espoileo, y que por tan sólo ¡11.99 pesos! ustedes pueden adquirir en Amazon, insisto, mala edición, pero plenamente disfrutable.

Merecida inclusión en los 1001… de Internet, no sé si en la ambicionada por mí antología de Grijalbo, que, por cierto, si alguno de ustedes me puede indicar dónde conseguir en mejores condiciones que las de Amazon, se lo voy a agradecer de todo corazón.

sábado, 29 de junio de 2024

Magno incendio

El estar metido en el ajo me ha permitido establecer una soberbia analogía con el mal que padezco: el cáncer de próstata es como un gran incendio junto a una fuga de gasolina (testosterona). Lo que hay que conseguir inmediata y simultáneamente es extinguir el fuego (con radioterapia),  evitar el derrame de combustible (con goserelina) y limpiar la gasolina derramada (con bicalutamida).

Ahorita estoy en el exitoso proceso de contener la fuga, es decir, la producción de testosterona mediante ampolletas trimestrales en el vientre de la costosa goserelina, que si no me la proporcionara el IMSS gratuitamente estaría fuera de mis posibilidades económicas; limpiar el “derrame” de testosterona con bicalutamida (una gragea diaria), de costo intermedio y que también me ofrece el bendito IMSS, y, finalmente, ya intenté apagar el fuego, esto es, acabar con los tumores cancerígenos mediante radioterapia, un signo positivo de lo cual son los bajos niveles de antígeno prostático específico (0.14) que poseo en la sangre, desde los elevados niveles de alrededor de 9 en que estaba cuando me detectaron el cáncer.

Algo que me entusiasmó mucho durante mi última visita al urólogo en el Seguro fue la observación de éste de que si mis niveles de antígeno estuvieran ya en el rango de 0.0x o menos, podría ir él pensando en retirarme la bicalutamida; sí, sí, esa que me ha llevado a equipararme con la trans Wendy Guevara.

Y ya saben ustedes -porque lo he repetido innúmeras veces- que no es que sea yo un enamorado de la vida, ni mucho menos, pero estoy viendo esto como una jugada en una casa de apuestas. No imaginan la emoción que me invade cuando voy a recoger los resultados de mis exámenes sanguíneos al laboratorio, y ver cómo pasé de 0.31 a 0.50 (un ligero incremento) y ahora a 0.14 (una “dramática” disminución). Mi esperanza es que el próximo octubre llegue al ansiado 0.0x, previas dos inyecciones en la panza en el IMSS a partir del ya inminente julio, y dar así un fenomenal paso hacia mi cura.

Espero que el triunfo arrollador que ya acaricio me lleve a ver la vida de una manera radicalmente distinta, vamos, menos lúgubre.

Así sea.

sábado, 15 de junio de 2024

Se pudo haber evitado la tragedia

Después de que la LXV Legislatura dictaminara la iniciativa de reforma al Poder Judicial de la Federación (PJF) del presidente Andrés Manuel López Obrador, éste dijo, en su último informe de Gobierno el domingo 1 de septiembre ante un Zócalo pletórico que lo aclamaba, que solicitaría al nuevo Congreso (LXVI Legislatura) de mayoría calificada de Morena y aliados que el lunes 2 aprobara fast track dicha reforma, ya que planeaba promulgarla -tan dado al simbolismo como era- dos semanas después, lunes 16 de septiembre, día de la Independencia de México, una vez que pasara también el cedazo del Senado, donde no le sería difícil conseguir los tres o cuatro votos que necesitaba para tener igualmente mayoría calificada en esta Cámara, como de hecho ocurrió al unírseles sendos pares de priistas y emecistas convenencieros.

Desde el mismo lunes 2 comenzaron las corridas contra nuestra moneda y los desplomes de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV); las primeras, por la huída de capitales golondrinos que aprovechaban las altas tasas de interés que se pagaban en México, y los segundos por el comprensible temor de los inversionistas al ver en riesgo sus capitales.

Pero esto no fue nada comparado con el pánico que se desató el 16, día de nuestra “gloriosa” independencia y de la promulgación de tan malhadada ley en el Diario Oficial de la Federación, con una devaluación de nuestra moneda cercana al 70% y un hundimiento de la Bolsa del 25%, que se logró atemperar por el cierre anticipado de operaciones, no así de la moneda, por más subastas de dólares que el Banco de México llevó a cabo.

Todo lo anterior con las consabidas inflación, carestía e incremento de las tasas de interés para tratar de paliar la huída de capitales. La tan temida crisis financiera había llegado.

Como siempre, esta hecatombe se ensañó “primero con los pobres” (haciendo mofa del eslogan de AMLO), pues la inflación representa el más cruel e inmisericorde impuesto que éstos deben absorber.

Los medios y gobiernos extranjeros no daban crédito a lo que se estaba viviendo en México y nos condenaban a una segura e inhumana venezolización, que para ratificarla era ya acompañada por una creciente emigración de compatriotas.

Es increíble la tragedia que puede ocasionar un solo hombre en su afán de venganza: aniquilar un Poder contrapeso del Ejecutivo, el Judicial, porque muchas de sus iniciativas de ley fueron rechazadas por ser claramente anticonstitucionales o porque se vulneraron los procesos legislativos. Pero en especial, el odio que sentía el ex presidente López Obrador por la presidenta de la Corte, Norma Lucía Piña Hernández, no se explica más que en el interior de una mente muy enferma.

Ahora, este ambiente letal es el que deberá afrontar la nueva Presidenta de México, doctora Claudia Sheinbaum Pardo, que ha de estar arrepentidísima de haber querido llegar, como fuera, a posición tan ingrata.

Ojalá pronto dé visos de independencia y buen juicio, no va a ser fácil, y que iniciemos 2025 con momios más favorables.

¡Qué desgracia, caray! 

lunes, 3 de junio de 2024

Funesto augurio

Se cumplió ayer a cabalidad lo que aquí se dijo hace poco más de tres meses: http://blograulgutierrezym.blogspot.com/2024/02/comparto-su-desprecio.html.

Ojalá que buena parte de los candidatos a diputado de oposición perdedores por pocos puntos porcentuales en los 300 distritos electorales se inconformen e impugnen los resultados debido a las treinta medidas cautelares que el INE dictó en contra de López Obrador por su ilegal intromisión durante el proceso electoral, y revertir así la mayoría calificada de Morena en el Congreso y con ello evitar que este partido siga destruyendo nuestras instituciones democráticas.

Un 2 de junio ominoso para el país.

viernes, 31 de mayo de 2024

Murakami y el feminismo

Acabo de leer la extensa novela Kafka en la orilla, de Haruki Murakami, de género realista-fantástico, del que no soy muy afecto, pero que me mantuvo muy entretenido el par de semanas que le dediqué, a pesar de que una dupla de capítulos al final resultan francamente aburridos. La novela va urdiendo medio a fuerzas la historia de sus dos personajes principales: el anciano Nakata y el quinceañero Tamura, que se autodenomina Kafka Tamura por su admiración por el escritor checo, pero además le cuadra el calificativo, pues a lo largo del relato aparece esporádicamente “un joven llamado cuervo” para “dialogar” con y aconsejar a Tamura tras bambalinas, y el homófono checo kavka significa precisamente grajo, ave muy parecida al cuervo. Al final llegan a coincidir fortuitamente los dos, Nakata y Tamura, en la ciudad de Takamatsu, pero sin tratarse personalmente jamás, y cada uno concluyendo por separado su propia historia, con puntos indirectos de contacto vía otros personajes.

Pero a mí no me interesa esta vez hacer la reseña del libro. Quien la requiera, puede acudir a ChatGPT, que le proporcionará una a su gusto en breves instantes. No, lo que me llamó poderosamente la atención y me fascinó fue el episodio de las dos feministas de un organismo civil encargado de la vigilancia de instituciones culturales que llegan a la biblioteca, que diestramente maneja su veinteañero administrador, Oshima, ayudado por Kafka Tamura, al que aquél le ha dado asilo en el recinto al saber que ha huido del hogar paterno, para ver las condiciones que la biblioteca ofrece a las mujeres. Lo que primero llamó su atención después de una detallada inspección de todo el edificio fue el baño común. Cómo es posible que no haya un espacio dedicado exclusivamente a las mujeres para estos menesteres. Bueno, es una biblioteca pequeña, con no muchos visitantes, y hasta ahora nadie se ha quejado, les riposta Oshima, más apropiado sería que fueran ustedes a Seattle, sede de Boeing, a hacer la misma observación, pues sus jumbo jet son mucho más grandes que esta biblioteca y sólo disponen de baños comunes, a lo que las damas responden que su responsabilidad no son los aviones, sino las instituciones de cultura.

A la siguiente objeción: catálogos separados de autores, Oshima no tiene más remedio que aceptar que es una mala herencia del pasado, y que están trabajando para conformar un único catálogo, tanto para mujeres como para hombres. Y qué hay con los catálogos temáticos, ¿por qué no poner a las mujeres antes de los hombres? Dichos catálogos, les hace ver Oshima, están en estricto orden alfabético, y ninguna culpa tiene la s de ir antes de la t, o el 67 antes del 68.

Después de tantos dimes y diretes, una de las mujeres concluye, refiriéndose por supuesto a Oshima, que “Usted es un patético ejemplo histórico de macho falócrata”, y la otra: “Es decir, que usted es el típico macho machista”.

No obstante, las dos enmudecen cuando Oshima les muestra un carnet de identidad para, acto seguido, finiquitar: “Sin embargo, aunque tenga un cuerpo de mujer, mi mente es totalmente masculina. Yo, desde el punto de vista psicológico, vivo como un hombre. Por lo tanto, podría ser cierto aquello que ha dicho usted del ejemplo histórico. Tal vez yo sea un redomado sexista. Pero, aunque tenga este aspecto, no soy lesbiana. Mis preferencias sexuales se decantan por los hombres. Es decir, que aunque sea una mujer, soy gay. Jamás he usado la vagina, siempre practico el sexo anal. Mi clítoris es sensible, pero mis pezones no demasiado. No tengo menstruación. ¿Qué voy a discriminar yo? ¿Me lo pueden explicar?”.

Huelga decir que las mujeres salieron de ahí hechas una furia. En cambio, yo quedé entusiasmado, y dediqué un aplauso de admiración cerrado a Oshima.

Quizá ya vaya siendo hora que le den el Nobel a Murakami, eterno finalista, y como lo otorgan únicamente a vivos y él es coetáneo mío (1949), ya no queda mucho tiempo.

lunes, 27 de mayo de 2024

Perras católicas

A raíz de mi último escrito salió a colación Farca, mi compañero judío de secundaria en 1964, en el Colegio Cristóbal Colón, hace justo ¡sesenta años! Y no era sólo que el titular de segundo “B”, Jesús Villegas Redondo, quisiera obligarlo a ir a la Basílica de Guadalupe, sino que el titular de otro grupo y profesor nuestro de geografía y ¡civismo!, Celerino Salmerón, seglar fanático recalcitrante de derecha, incurría en francas agresiones a su persona, que no por indirectas resultaban menos deleznables.

Qué necesidad tuvieron los padres de Farca de inscribirlo en una escuela confesional católica y los directivos de ésta, hermanos lasallistas, de aceptarlo, supera mi capacidad de entendimiento. Quizá fuera que la fama del colegio los llevara a afrontar el reto y aceptar las reglas no escritas de mutuo respeto planteadas por ambas partes, pues el muchacho siempre se comportó a la altura durante los momentos de oración que acostumbrábamos entre una clase y otra, de pie, con gesto adusto y brazos cruzados.

Pero esto no bastó para que en una ocasión y sin venir al caso el maestro Celerino, durante su clase de ¡civismo!, derivara su plática hacia el judaísmo y lo tildara, lo menos, de intolerante, y nos sambutiera el rollo de que la ley judía, sin especificar cuál, por supuesto, conminaba a los suyos a no ejercer la prostitución entre ellos, que para eso estaban las perras (literal) gentiles, que profesan otra religión.

El pobre Farca no hallaba dónde meter la cabeza y únicamente la volteaba de un lado a otro para confrontar las miradas que se posaban sobre él, con un “no es cierto” apenas dibujado en sus angustiados labios. Cuando el orate se percató de la inquietud del grupo y sabiendo de la presencia de Farca, se limitó a decir que él se hacía responsable de sus dichos y nos conminó a guardar compostura, cuando su conducta apuntaba a que era Salmerón el único que no lo hacía.

Las dos grandes obras de Celerino Salmerón, que siempre nos presumía, son Las grandes traiciones de Juárez y En defensa de Iturbide, ambas editadas originalmente por Editorial Jus. Las dos compendian el espíritu reaccionario de su autor.

Algunas veces llegó a ser invitado al programa Anatomías de Jorge Saldaña, tan dado al show y la polémica, y para el que Salmerón resultaba un suculento manjar. En alguna de esas ocasiones coincidió con el pintor José Luis Cuevas y éste no salió de su azoro cuando aquél proclamó a voz en cuello que Sergio Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca, iba derechito en la resbaladilla del infierno, a propósito de quién sabe qué. Cuevas, enojado, se limitó a preguntar a Saldaña que de dónde sacaba esos especímenes, refiriéndose a Celerino, obviamente, e ignorando totalmente al sinarquista.

Sus dos hijos estudiaban en el mismo colegio al que yo asistía y donde su padre “enseñaba”. Incluso uno de ellos aseguraba que su padre estaba loco de atar.

sábado, 25 de mayo de 2024

¡Cómo te odio, Dios mío!

Estaba desbocadamente escribiendo un artículo en tercera persona con tan irreverente título sobre un niño-adolescente, Rulo, cuando me vino a las mientes que tal vez hacía varios años ya lo había redactado, pero en primera persona. En efecto, pues http://blograulgutierrezym.blogspot.com/2016/10/melancolia-me-fascina-la-etimologia.html da cuenta de ello hace casi ocho años.

Nada más concluiría que lo único que a Rulo le disgustaba de su ateísmo era no tener a nadie a quien odiar por todo el daño autoinfligido.


jueves, 9 de mayo de 2024

"¡No sumes, Caro, piensa!"

Tengo dos hijos: Caro, de 32 años de edad, y Raúl, de 30. Cuando eran pequeños: Caro, de 7-8 años, y Raúl, de 5-6, solía sentarlos a la mesa de la cocina, uno enfrente de la otra, y yo en el medio, y los sometía a cálculos mentales aritméticos sencillos: sumas, restas y multiplicaciones y divisiones muy simples. Raúl, a su corta edad, respondía correctamente con celeridad y aplomo a cuanto reto lo sometía. Caro, más nerviosa, protagónica y competitiva, se presionaba mucho y erraba algunas veces sus respuestas, que Raúl se apresuraba a corregir. En una de esas ocasiones, el niño se conmovió tanto de ver a Caro sufrir que se apresuró a aconsejar enternecedoramente a su hermanita: “¡No sumes, Caro, piensa!”, lo que provocó una franca carcajada de padre e hija ante tamaña salida.

Era obvio que el niño había logrado desarrollar con el paso del tiempo ciertas técnicas mentales que le permitían responder certera y rápidamente los enigmas del progenitor.

Todo esto viene a colación porque suelo hablar mucho de Carolina y muy poco de Raúl, pero no es de mala fe, sino más bien producto de ese protagonismo al que la hoy respetable dama es muy dada, a diferencia del hoy respetable caballero, mucho más reservado, casi casi rayano en la introversión.

Pero qué va. Raúl, al igual que Caro en el Tec en Arte y Diseño Digital, se graduó de excelencia en Administración de Negocios en la Universidad De La Salle Bajío, muy a pesar del incierto inicio en estos menesteres. Me explico. El día de la inscripción a la carrera dejé a Raúl a las puertas de la prepa y me encaminé a la Universidad no lejos de ahí a consumar dicha inscripción. Cuando recogí al muchacho en la tarde, le mostré los documentos que lo acreditaban como flamante miembro de la carrera en Administración de Negocios. “¡Pero, pá -se sorprendió él-, si te dije que en Negocios Internacionales!”. “¡No mames! -lo atajé yo flemáticamente-, y ahora, ¿qué hacemos?”. “Pues ya ni modo, así le dejamos -se resignó él estoicamente”.

Insisto, así y todo, hizo una carrera envidiable que hoy lo tiene en el corporativo de General Motors en Silao por ya casi tres años, y feliz de la vida.

Pero no sólo eso, sino que, como ya lo adelantaba su precocidad numérica, ha desarrollado una serie de habilidades financieras que ni yo, actuario, soy capaz de seguir, lo que le ha permitido hacerse de su propia casa -obviamente hipotecada- en un  tiempo récord, a sus “tiernos” 30. El coche de sus sueños lo damos por descontado, pues cuenta con él desde que trabajaba en el sector bancario, mucho antes de ingresar a la honrosísima GMC.

Por todo esto y mucho más, gracias Raúl, gracias Caro, por haberle dado sentido a mi vida.

Por cierto, creo que Elena piensa lo mismo. 

domingo, 5 de mayo de 2024

Mis sobras completas

La gloria o el mérito de ciertos hombres  consiste en escribir bien; el de otros consiste en no escribir.

Jean de la Bruyère, citado por Enrique Vila-Matas en Bartleby y compañía.

Enrique Vila-Matas ha escrito un libro, Bartleby y compañía, a propósito de grandes hombres que nunca escribieron, como Sócrates, o bien escribieron muy poco, como nuestro Juan Rulfo. El título de la obra nos recuerda al personaje del relato de Herman Melville, Bartleby, que siempre que era conminado por sus congéneres a ponerse en acción respondía invariablemente con un “Preferiría no hacerlo”, y así se la llevaba indefinidamente. Por ello, Vila-Matas pone en compañía de este espécimen a todos aquellos individuos que se negaron a escribir nada o no lo volvieron a hacer nunca después de algunos escarceos iniciales.

Don Enrique dice que Rulfo achacaba a la muerte de su tío Celerino su esterilidad posterior a Pedro Páramo y El llano en llamas, ya que el señor era un mentiroso empedernido que capturaba la embelesada atención del sobrino con sus relatos apócrifos. Dicho pariente era un borracho que se ganaba la vida ¡confirmando niños! Pero muerto el perro se acabó la rabia.

Lo anterior viene a cuento por la insistencia de la familia cercana, especialmente Caro y Elena, y algunas amistades entrañables para que escriba un libro. Háganme el favor, como si se tratara de enchílame otra. Digo, porque si nos vamos a embarcar en tal empresa, que sea con la mayor seriedad del mundo, lo cual me llevaría no menos de una década conseguirlo, para así poderme equiparar con los grandes autores aunque fuera tan sólo en eso. Y ya no me da el reloj. Así que “preferiría no hacerlo”. Mis seres queridos insisten en que emprenda esto como proyecto de vida y terapia antidepresiva, a lo que yo, imperturbable, les reitero: “preferiría no hacerlo”.

Lo más a lo que podría aspirar es a poner juntos el casi medio millar de imbéciles retazos que he “balbuceado” a lo largo de dieciséis años para por lo menos ofrecer un somnífero efectivo para el par de potenciales e incautos lectores que se atrevieran a adquirir Mis sobras completas; sin aspirar a Nobel alguno, por supuesto.

Por lo demás, el libro de Enrique Vila-Matas es muy entretenido y didáctico en este sentido.

jueves, 2 de mayo de 2024

Remedio contra la depresión

Un libro. Y no, no me refiero a la vomitiva “literatura” de autoayuda, sino a la literatura que, por más descarnada que parezca, es capaz de mover las fibras más sensibles del alma para gozar de un arte auténtico y conmoverse profundamente con él.

En esta ocasión me refiero a la novela Mancha humana, del laureado autor norteamericano Philip Roth. El ex decano de la universidad de Athena, Coleman Silk, se ve obligado a abandonar su puesto de docente por un aparente y estúpido incidente racista, sin que absolutamente nadie -vamos, ni el lector- se percate de la negritud de Silk, que ha logrado llevar su secreto hasta esas alturas gracias a su apariencia exterior, que incluso le llevó a abandonar a su familia para fingir mejor su impostura, no sin graves broncas de por medio con dicha familia. Aun así, se casó y tuvo cuatro hijos blancos, corriendo el riesgo nada improbable de que alguno de ellos pudiera resultar negro. Quizá el hijo menor, Mark, se enteró de todo ello y odió al padre.

La novela se inicia cuando ya Silk cuenta con setentaiún años de edad, su esposa ha muerto, muerte que él achaca a la tremenda injusticia que le infligió la universidad, y lleva una relación de amasiato con una empleada de intendencia de la propia universidad, Faunia Farley, analfabeta de treintaicuatro años, menos de la mitad de la edad de aquel, y el personaje más trágico de la novela, junto con el ex esposo de esta, Lester, veterano de la guerra de Vietnam.

Coleman Silk se relaciona con el autor semi omnisciente del relato, Nathan Zuckerman, sin llegar a establecer propiamente una amistad con él y le solicita que escriba la historia de la tremenda injusticia cometida con su persona. Y a partir de aquí corre la trama con todos estos personajes, abundante en flashbacks y en historias de amor, odio, traición, perversidad y más. Baste decir que la puñalada trapera que le asesta Delphine Roux, una brillantísima joven académica francesa egresada de Yale, a Silk, ya cuando este no podía defenderse, es de una bajeza y sevicia descomunales, incrementadas aún más por el hecho de que ¡él fue quien la contrató para la universidad! Y no digo más.

En una ocasión en que Faunia Farley visita una especie de asilo animal, llama su atención un grajo, ave semejante al cuervo, recluido en cautiverio en una jaula, desde la cual, sin embargo, puede volar hacia el exterior a reunirse con los de su especie en los árboles que abundan afuera. No obstante, cuando esto hace, los otros lo empiezan a picotear en la cabeza a tal grado que se ve obligado a huir antes de que acaben con su vida. Este es el precio, dice el autor, que ha de pagar el infeliz pajarraco por convivir con la mancha humana. Esa de la que el libro es todo un compendio.

Pues bien, este hermoso libro es el que me hizo más llevaderas las pasadas dos semanas, al extremo de levantarme con un inusitado entusiasmo todas las mañanas.

¡Gracias Philip!

sábado, 20 de abril de 2024

Confieso que soy transgénero

El tratamiento hormonal contra el cáncer de próstata al que me encuentro sometido durante los próximos dos años ha llevado mis niveles de testosterona en la sangre, hormona masculina por antonomasia, a un nivel equiparable al de las mujeres (0.05 - 0.77), pues el mío ya se encuentra en 0.10. El doctor dice que no piense yo en una recuperación de dichos niveles al finalizar los dos años, ya que habrá que esperar un plazo similar después del tratamiento para que estos vuelvan a la “normalidad” (0.71 – 6.23, para adultos mayores), esto es, a los 78 estaré ya de nuevo como un burel para embestir otra vez a mis presas. Porque, obvio, dicha reducción de la testosterona lleva aparejada una disminución de la libido o deseo sexual a prácticamente cero.

Pero no sólo eso, sino que el cuadro se completa con bochornos menopáusicos dignos de una fémina en edad de desmerecer.

Todo lo cual me llevó a preguntarle a mi esposa Elena que si alguien le hubiera anticipado en sus años mozos que con el transcurrir del tiempo iba a estar amancebada con un transgénero, ¿lo hubieses creído, cariño mío?, a lo que ella respondió con una sonora risotada.

Yo, por lo pronto, me declaro lista (que no liste) para aceptar el reto de la trans ¡leonesa! Wendy Guevara a cualquier confrontación televisiva que me quiera invitar.

domingo, 14 de abril de 2024

Perdón que se los pregunte

Estoy por cumplir 16 años y medio de pergeñar estas estupideces, 433 en total, a razón de 2.2 por mes o 1.1 cada quincena, ¡desde noviembre de 2007! a raíz de la muerte de mi padre (http://blograulgutierrezym.blogspot.com/2007/11/eutanasia.html). Con el tiempo, se han ido incorporando más y más recipiendarios a mi lista de distribución hasta conformar un grupo de más de 140. Sin embargo, casi nunca obtengo una reacción, no porque la busque -¿se imaginan la monserga de tener que responder a tanta gente cada vez?-, sino porque temo la muy probable futilidad de mi pasión.

En el camino, se han muerto algunos de esos recipiendarios y otros, tres, me han dado por muerto a mí, solicitándome, con insolencia incluso, que les dejara de enviar mi basura, cosa con la que con gusto condescendí disculpándome por las molestias que mis envíos pudieron haberles ocasionado.

Parafraseando el estribillo de la antiquísima serie aquella de televisión Misión Imposible, mi pregunta, si ustedes deciden aceptarla, es: ¿le sigo o ya mejor ahí le paro? Nada me gustaría más que lidiar con la monserga de tener que contestarles a todos ustedes.

jueves, 11 de abril de 2024

Trilogía extática

Tarde, pero finalmente completé la espléndida trilogía Sapiens, Homo Deus y 21 lecciones para el siglo XXI, del historiador israelí Yuval Noah Harari (http://blograulgutierrezym.blogspot.com/2021/01/seremos-inmortales-felices-y-divinos.html). El ensayista publicó estas obras en 2014, 2016 y 2018, respectivamente. Se comprenderá entonces que la última haya quedado un tanto rebasada por los hechos, como la pandemia y la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania o la que también actualmente tiene lugar entre israelíes y palestinos en Gaza. Cándidamente el autor afirma que “el éxito ruso en Crimea (en 2014, acoto yo) es un presagio particularmente alarmante. Esperemos que siga siendo una excepción”, pues “dadas las condiciones del siglo XXI, las puertas del infierno podrían abrirse de golpe”. Y es que seis años son muchos, y si no, que nos lo digan a los mexicanos, que en 2018 no imaginábamos cómo íbamos a estar en 2024. Tal vez por ello Harari publicará su próximo libro, Nexus / Una breve historia de las redes de información desde la edad de piedra hasta la IA, en septiembre de este año. Habrá que estar atentos, pues ya era necesaria la ventilación de nuevas ideas y evitar la repetición y  reiteración de varias otras en las obras citadas, aunque el nuevo título nos induzca a pensar que estas serán inevitables.

Tres retos son los que plantea Yuval en 21 lecciones para el siglo XXI: el nuclear, el climático y el tecnológico. Del primero dice que tanto “buenos” como “malos” son conscientes de que cualquier conflicto que desemboque en el uso de armas nucleares sería el fin para unos y para otros, por lo que este riesgo se haya de alguna manera auto contenido, aunque, como ya se dijo, “las puertas del infierno podrían abrirse de golpe”.

Con el que Harari se muestra menos clemente es con el reto climático, pues nos pinta un escenario apocalíptico que está teniendo lugar ¡ya!, con el incremento de la temperatura del planeta por el uso de combustibles fósiles y el consecuente envenenamiento del ambiente con miles de millones de toneladas de bióxido de carbono al año, lo que podría llevarnos a un escenario distópico en el que los casquetes polares se derritan y el nivel de los océanos aumente, inundando los continentes y provocando fenómenos meteorológicos inimaginables y migraciones humanas impensables.

Y aún menos clemente se muestra con el reto tecnológico, pues afirma que la biotecnología podría incrementar la brecha entre ricos y pobres de manera brutal, pues sólo los primeros estarían en posibilidades de pagar por los sofisticados procedimientos biológicos que los llevaran a aumentar su esperanza de vida, su salud y bienestar físico, y hasta su inteligencia. Y qué decir de la infotecnología, con sus ciborgs (criaturas orgánico-cibernéticas), algoritmos e inteligencia artificial, que pudieran llegar a provocar que miles de millones de seres humanos se volvieran inútiles e improductivos, y tal vez, por qué no, hasta controlar el mundo, el infinito y más allá.

Yuval se declara abiertamente homosexual y lamenta la falta de herramientas en sus años mozos para detectarlo a tiempo. Herramientas que seguramente pronto estarán disponibles y que le hubiesen evitado a él muchos problemas y sufrimientos. Por cierto, dedica este libro con amor a su esposo Itzik.

Me encantó la laicidad que se respira a lo largo del libro, ya que el autor es un descreído total. Afirma que todo en nuestra vida se basa en un relato, ideológico, político, religioso o de cualquier otro tipo. Hace énfasis en el religioso, sostenido únicamente en mentiras, pero en el que la gente cree a pie juntillas, pues le fue impuesto antes incluso de que tuviera uso de razón, y del que paradójicamente no se puede prescindir a riesgo de que el mundo se resquebraje. Pero este relato no es sólo falso, sino inconsistente y contradictorio, y pone como ejemplo a los terroristas que masacraron a decenas de inocentes en París para vengar la muerte por parte de tropas francesas de algunos compinches en algún lugar del Medio Oriente. Cómo, se pregunta Harari, se puede hablar de revancha cuando estos ya disfrutan de las mieles de la eternidad en el más allá al lado de Alá, según sus propias creencias.

Durante la lectura, a veces se tiene la sensación de estar escuchando a Yuval Noah Harari predicar desde el púlpito o aleccionando a la feligresía, para estar a tono con el título del libro. Pero qué va, la obra tiene una sustancia extraordinaria, sobre todo en los varios capítulos finales, auténticas perlas filosóficas, y donde se refiere al sinsentido de la vida y al dolor o sufrimiento como la única realidad tangible. ¡Una belleza!

En resumen, recomiendo ampliamente el libro (libros) de Harari y las reseñas que de Sapiens y Homo Deus realicé en el pasado (ver liga al principio de este artículo).

Por todo lo anterior, ya reservé Nexus, que aparecerá el próximo 12 de septiembre de 2024, en una plataforma de cuyo nombre no quiero acordarme.

miércoles, 3 de abril de 2024

Amazónica soberbia

En días pasados adquirí en Amazon la versión digital de la obra cumbre de André Gide Los monederos falsos, que resultó un producto de pésima factura: párrafos cortados, comillas que se abren y nunca se cierran (no una, sino decenas de veces), sustitución de palabras por otras o por caracteres ininteligibles. En fin, un fiasco.

Me choca hacerlo, pero aproveché el espacio para comentar la obra no para ello, sino para hacer una acerba crítica del producto que se me entregó. Básicamente les dije que era increíble que una compañía como Amazon produjera ese tipo de basura electrónica, que si no tenían a alguien en control de calidad que leyera previamente la obra y prohibiera su publicación ante tanta errata, que resultaba inaceptable que una empresa tan solvente cobrara por algo así, aunque sólo fueran los cuarentaicinco pesos que desembolsé, que, por cierto, desde un principio me hicieron sospechar de la idoneidad del material.

¡No, hombre, nunca lo debí haber hecho! Me enviaron un correo diciendo que no podían publicar en la plataforma de la compañía lo que les envié, por violar una o varias directrices de una larga lista que incluían. Ya nomás por no dejar, solicité la devolución de mi dinero a través de dicha plataforma, pero se me indicó que no procedía para tal producto, por lo que seleccioné la opción que Amazon ofrece para que un operador de su call center se comunicara conmigo… y me lo devolvieron porque me lo devolvieron, ¡faltaba más!

Bueno, pues apenas ayer, me enviaron un segundo correo “intimidatorio” que a la letra dice: “se eliminará el contenido de la Comunidad que viole nuestras pautas. Por favor considere esto como una primera advertencia. El incumplimiento de nuestras pautas puede conllevar que revoquen sus privilegios de participar en la Comunidad.” (sic)

Todo esto, en el país de la First Amendment, de la libertad de expresión, pues. Tiene razón Trump con su MAGA, pero no por lo de Make America Great Again, sino por lo de Microsoft, Amazon, Google, Apple.

Los terrícolas vivimos bajo su tiranía.

lunes, 1 de abril de 2024

¡Asombroso!

Ayer me invitó Elena a comer a casa de unos amigos suyos: una pareja, sus dos jóvenes hijas y el novio de una de ellas. Siete en total éramos a la mesa. Llegado el momento de la despedida, por alguna razón, la más joven de las hijas comentó que era del signo zodiacal libra. Como yo también lo soy, picado por la curiosidad, la inquirí que si era de septiembre u octubre, mes éste en el que yo nací, el día 22. Cuando dijo que de octubre, ya sólo le pregunté por el día, a lo que con desparpajo respondió: 22.

Ustedes se preguntaran qué tiene esto de asombroso, y yo les respondería que mucho, pues a diferencia de la paradoja del cumpleaños que establece que se requiere un número relativamente bajo de personas (23) para llevar la probabilidad de que dos de ellas compartan fecha de cumpleaños a un equitativo 50.73%, en mi caso la probabilidad era despreciable, pues si calculamos primeramente la probabilidad de que ninguno de los ahí presentes compartiera día de cumpleaños, comenzaríamos con el primero que tendría la probabilidad 365/365 de haber nacido cualquier día del año, seguiríamos con el segundo con una probabilidad de nacimiento cualquiera de los otros 364 días del año de 364/365 para que no coincidiera con el primero, el tercero con una probabilidad de 363/365 de forma de no coincidir con ninguno de los anteriores, y así sucesivamente hasta llegar al séptimo, con una  probabilidad de nacimiento de 359/365 para no coincidir con ninguno de los otros.

De tal suerte que la probabilidad de que ninguno de los comensales compartiera cumpleaños nos viene dada por 365/365 x 364/365 x 363/365 x… x 359/365 = 0.9438, lo que significa que la probabilidad de que dos comensales compartan cumpleaños es:

1 – 0.9438 = 0.0562.

¡Lo cual resulta verdaderamente asombroso!, ya que las posibilidades de que me topara ayer con una persona de tales características en un grupo tan pequeño eran de apenas 5.62%, es decir, bajísimas, pero aun así, se dio.

Nada que ver con la paradoja del cumpleaños que establece la magia de las matemáticas, pues aquí los momios eran prácticamente despreciables.

Este tipo de divagaciones mentales tan placenteras lo proporciona únicamente la disciplina por casi todos temida: las antedichas matemáticas.

jueves, 28 de marzo de 2024

Escalofriante acción a distancia

Hace un año y medio escribí un eufórico artículo a raíz del premio Nobel de física 2022 otorgado a un trío de sabios por sus experimentos con fotones entrelazados (http://blograulgutierrezym.blogspot.com/2022/10/nobel-de-fisica-2022-dios-si-juega-los.html). Recién le pegunté a ChatGPT que me explicara en términos simples los hallazgos de estos hombres y esto fue lo que me respondió:

El experimento de partículas entrelazadas, que fue fundamental para el Premio Nobel de Física 2022, es un poco complicado de explicar en términos simples, pero aquí va una versión simplificada:

Imagina que tienes dos partículas muy pequeñas, como electrones, que están “entrelazadas”. Esto significa que las propiedades de una partícula están relacionadas de una manera especial con las propiedades de la otra, sin importar cuán lejos estén.

Ahora, los científicos llevaron a cabo un experimento donde separaron estas dos partículas a una gran distancia, pero mantuvieron su conexión entrelazada. Luego, hicieron algo a una de las partículas, como cambiar su dirección de giro (un concepto llamado "espín" en física cuántica). Lo sorprendente es que, instantáneamente, la otra partícula también cambió de la misma manera, aunque estuviera muy lejos. Esto es lo que se llama "acción a distancia" y desafía nuestras intuiciones sobre cómo funciona el mundo.

Este experimento, que muestra la conexión misteriosa entre partículas entrelazadas, es crucial en el campo de la física cuántica y ha llevado a avances importantes en tecnologías como la criptografía cuántica y la computación cuántica. Por eso, los científicos que lo realizaron fueron galardonados con el Premio Nobel de Física en 2022.

Lo anterior viene a desmentir a Einstein que afirmaba que algo que ocurre en un lugar no puede influir instantáneamente un evento que ocurre en algún otro lado, pues nada puede ser mayor a la velocidad de la luz y la instantaneidad lo es infinitamente, a lo que yo le replicaría: “No, Albert, la instantaneidad es la instantaneidad y punto, nada tiene que ver con velocidad alguna”. Y arrogantemente concluía el genio que, por lo tanto, la física cuántica es incompleta y se necesita algo más para comprender la verdadera historia del mundo cuántico (http://blograulgutierrezym.blogspot.com/2020/12/dios-no-juega-los-dados.html).

Pues hete aquí que eso fue lo que probaron los tres científicos galardonados con el Nobel en 2022: esa “escalofriante acción a distancia”, para decirlo en palabras del mismo Einstein cuando se negaba a admitir tal posibilidad. Y, de paso, demostraron que la teoría cuántica no requiere más, es completa.

Lo anterior explica la euforia que manifesté en aquella ocasión y que todavía hoy permea hasta la médula mi rudimentaria sensibilidad científica. Y me mantengo en lo dicho, el hallazgo de estos seres de excepción es tan grande como la mismísima teoría de la relatividad del referido Einstein. 

sábado, 23 de marzo de 2024

Expediente siquiátrico

A lo largo de mi vida he acudido al siquiatra no menos de una docena de veces. Las más, de entrada por salida, es decir, consulta, prescripción de medicamentos y el olvido. Otras pocas con no más de tres o cuatro visitas, y una más, de las últimas, con un viejillo que se quedaba dormido en medio de las sesiones o se disculpaba para ir al baño, y al que no le aguanté más de cinco.

Quizá mi escepticismo provenga desde que debuté en estos menesteres hace medio siglo en una terapia grupal con la doctora Adela Jinich y donde permanecí nueve meses, sólo para recibir de ella el día que me despedí un desalentador insulto: “Pero no te desatiendas, porque estás muy jodido”, contraviniendo toda deontología médica y la más elemental sensibilidad, que quedó superada con creces por lo que escribí hace más de tres lustros (http://blograulgutierrezym.blogspot.com/2008/01/beber-la-cicuta.html). Quizá lo que más le dolió a Jinich de mi partida fue la pérdida de la paga, más que el estancamiento de mi salud mental, del que en buena parte era ella responsable después tan largo proceso.

Mejor una entidad ajena me ayudó a salir del bache en el que había caído, pues lo que me llevó a esa terapia fue una serie de tropiezos profesionales en fila que había estado padeciendo: como empleado de Teléfonos de México no duré ni tres meses, para de ahí unirme a un consultor independiente al que no le aguanté ni mes y medio, de donde partí para la Secretaría de Hacienda a calentar el asiento ¡únicamente cuatro semanas!, pues fui elegido por IBM entre varias centenas de candidatos para conformar un grupo de diecinueve becarios que estaríamos en entrenamiento por un semestre, justo cuando yo estaba en plena terapia grupal.

Pues bien, a las dos semanas ya estaba yo harto del ambiente de competencia que se respiraba en el grupo, además de que la empresa ya les había indicado a algunos de sus miembros que eso no era lo suyo y que deberían abandonar su empeño, lo que me llevó a mí a comunicarles a mis compañeros de terapia que renunciaría a la beca, sin esperar de ellos ni de Adela ningún consejo, como de hecho ocurrió.

Sin embargo, cuando le informé al responsable de los becarios que renunciaba pues “eso no era lo mío”, utilizando las mismas palabras que ellos habían usado para “correr” a otros, el coordinador me llamó a solas y me preguntó  que si de nada me había servido el documental de Vince Lombardi (entrenador en jefe de los Green Bay Packers) del “segundo esfuerzo” que nos habían proyectado días antes, que me diera esa oportunidad y realizara ese segundo esfuerzo para hacer carrera en la compañía. En ese momento me di cuenta de que existía la consigna de la empresa para presionar a algunos a que se fueran y para retener a otros y que continuáramos, pero además fui consciente de lo pequeño que era ante las adversidades y, avergonzado, tomé mis cosas y regresé al salón de clases. Permanecí en IBM los siguientes veinte años.

Nunca le agradecí lo suficiente a ese ángel de la guarda lo que hizo por mí, a diferencia del mundo de la siquiatría, capaz de sumirte en un pozo aún más oscuro que en el que ya te encontrabas.

sábado, 16 de marzo de 2024

Paradójico contrasentido

Es curioso, cuando me pongo a comparar los veinte años que pasé en IBM con el mismo tiempo que llevo aquí en León, los primeros me parecen eternos de tan enriquecedores que resultaron, a diferencia de los segundos que, de tan inanes, se me han ido como un suspiro. Serio, me siento tan desarraigado en el Bajío como si hubiera llegado apenas ayer, lo cual habla muy mal de mí, pues creo que he perdido el tiempo miserablemente.

Elena, en cambio, con los dieciséis años de su tienda Zúrich en Plaza Galerías Las Torres ha hecho de ésta una referencia citadina a la que han acudido connotados políticos, funcionarios y estrellas de deportes como el futbol, los clavados y el alpinismo. Vamos, hasta el señor gobernador del estado ha sido un cliente cotidiano suyo. Pero éste es un logro exclusivo de ella en el que yo muy poco he tenido que ver.

Volvamos a lo mío: los logros, broncas y vivencias en esa empresa sin par fueron tan épicos que todavía en la actualidad sueño cada tercera noche con ella, sin exagerar. De nuevo: ¿dónde se fueron estos otros veinte años en León que no haya sido en pergeñar estas estupideces?

Pide al tiempo que vuelva, pero no para recuperar el perdido aquí, sino para remembrar la gloria vivida allá, con sus viajes, pleitos, éxitos, asignaciones internacionales, ignominiosos despidos y demás. Baste decir que los dos años más felices de mi vida transcurrieron en Raleigh, Carolina del Norte, cuando la compañía me transfirió temporalmente allá, donde nació mi adorada Caro y Elena dio muestras de una entereza tal a sus apenas veinticinco años de edad que me impulsó a mí a triunfar clamorosamente ahí.

En fin, ahora sí que simplemente no es lo mismo Los tres mosqueteros que Veinte años después: la vitalidad que se tiene a los 25-45 que el desencanto que se comienza a fraguar a los 54-74.

¡Pusilánime cabrón!