sábado, 15 de junio de 2024

Se pudo haber evitado la tragedia

Después de que la LXV Legislatura dictaminara la iniciativa de reforma al Poder Judicial de la Federación (PJF) del presidente Andrés Manuel López Obrador, éste dijo, en su último informe de Gobierno el domingo 1 de septiembre ante un Zócalo pletórico que lo aclamaba, que solicitaría al nuevo Congreso (LXVI Legislatura) de mayoría calificada de Morena y aliados que el lunes 2 aprobara fast track dicha reforma, ya que planeaba promulgarla -tan dado al simbolismo como era- dos semanas después, lunes 16 de septiembre, día de la Independencia de México, una vez que pasara también el cedazo del Senado, donde no le sería difícil conseguir los tres o cuatro votos que necesitaba para tener igualmente mayoría calificada en esta Cámara, como de hecho ocurrió al unírseles sendos pares de priistas y emecistas convenencieros.

Desde el mismo lunes 2 comenzaron las corridas contra nuestra moneda y los desplomes de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV); las primeras, por la huída de capitales golondrinos que aprovechaban las altas tasas de interés que se pagaban en México, y los segundos por el comprensible temor de los inversionistas al ver en riesgo sus capitales.

Pero esto no fue nada comparado con el pánico que se desató el 16, día de nuestra “gloriosa” independencia y de la promulgación de tan malhadada ley en el Diario Oficial de la Federación, con una devaluación de nuestra moneda cercana al 70% y un hundimiento de la Bolsa del 25%, que se logró atemperar por el cierre anticipado de operaciones, no así de la moneda, por más subastas de dólares que el Banco de México llevó a cabo.

Todo lo anterior con las consabidas inflación, carestía e incremento de las tasas de interés para tratar de paliar la huída de capitales. La tan temida crisis financiera había llegado.

Como siempre, esta hecatombe se ensañó “primero con los pobres” (haciendo mofa del eslogan de AMLO), pues la inflación representa el más cruel e inmisericorde impuesto que éstos deben absorber.

Los medios y gobiernos extranjeros no daban crédito a lo que se estaba viviendo en México y nos condenaban a una segura e inhumana venezolisación, que para ratificarla era ya acompañada por una creciente emigración de compatriotas.

Es increíble la tragedia que puede ocasionar un solo hombre en su afán de venganza: aniquilar un Poder contrapeso del Ejecutivo, el Judicial, porque muchas de sus iniciativas de ley fueron rechazadas por ser claramente anticonstitucionales o porque se vulneraron los procesos legislativos. Pero en especial, el odio que sentía el ex presidente López Obrador por la presidenta de la Corte, Norma Lucía Piña Hernández, no se explica más que en el interior de una mente muy enferma.

Ahora, este ambiente letal es el que deberá afrontar la nueva Presidenta de México, doctora Claudia Sheinbaum Pardo, que ha de estar arrepentidísima de haber querido llegar, como fuera, a posición tan ingrata.

Ojalá pronto dé visos de independencia y buen juicio, no va a ser fácil, y que iniciemos 2025 con momios más favorables.

¡Qué desgracia, caray! 

lunes, 3 de junio de 2024

Funesto augurio

Se cumplió ayer a cabalidad lo que aquí se dijo hace poco más de tres meses: http://blograulgutierrezym.blogspot.com/2024/02/comparto-su-desprecio.html.

Ojalá que buena parte de los candidatos a diputado de oposición perdedores por pocos puntos porcentuales en los 300 distritos electorales se inconformen e impugnen los resultados debido a las treinta medidas cautelares que el INE dictó en contra de López Obrador por su ilegal intromisión durante el proceso electoral, y revertir así la mayoría calificada de Morena en el Congreso y con ello evitar que este partido siga destruyendo nuestras instituciones democráticas.

Un 2 de junio ominoso para el país.

viernes, 31 de mayo de 2024

Murakami y el feminismo

Acabo de leer la extensa novela Kafka en la orilla, de Haruki Murakami, de género realista-fantástico, del que no soy muy afecto, pero que me mantuvo muy entretenido el par de semanas que le dediqué, a pesar de que una dupla de capítulos al final resultan francamente aburridos. La novela va urdiendo medio a fuerzas la historia de sus dos personajes principales: el anciano Nakata y el quinceañero Tamura, que se autodenomina Kafka Tamura por su admiración por el escritor checo, pero además le cuadra el calificativo, pues a lo largo del relato aparece esporádicamente “un joven llamado cuervo” para “dialogar” con y aconsejar a Tamura tras bambalinas, y el homófono checo kavka significa precisamente grajo, ave muy parecida al cuervo. Al final llegan a coincidir fortuitamente los dos, Nakata y Tamura, en la ciudad de Takamatsu, pero sin tratarse personalmente jamás, y cada uno concluyendo por separado su propia historia, con puntos indirectos de contacto vía otros personajes.

Pero a mí no me interesa esta vez hacer la reseña del libro. Quien la requiera, puede acudir a ChatGPT, que le proporcionará una a su gusto en breves instantes. No, lo que me llamó poderosamente la atención y me fascinó fue el episodio de las dos feministas de un organismo civil encargado de la vigilancia de instituciones culturales que llegan a la biblioteca, que diestramente maneja su veinteañero administrador, Oshima, ayudado por Kafka Tamura, al que aquél le ha dado asilo en el recinto al saber que ha huido del hogar paterno, para ver las condiciones que la biblioteca ofrece a las mujeres. Lo que primero llamó su atención después de una detallada inspección de todo el edificio fue el baño común. Cómo es posible que no haya un espacio dedicado exclusivamente a las mujeres para estos menesteres. Bueno, es una biblioteca pequeña, con no muchos visitantes, y hasta ahora nadie se ha quejado, les riposta Oshima, más apropiado sería que fueran ustedes a Seattle, sede de Boeing, a hacer la misma observación, pues sus jumbo jet son mucho más grandes que esta biblioteca y sólo disponen de baños comunes, a lo que las damas responden que su responsabilidad no son los aviones, sino las instituciones de cultura.

A la siguiente objeción: catálogos separados de autores, Oshima no tiene más remedio que aceptar que es una mala herencia del pasado, y que están trabajando para conformar un único catálogo, tanto para mujeres como para hombres. Y qué hay con los catálogos temáticos, ¿por qué no poner a las mujeres antes de los hombres? Dichos catálogos, les hace ver Oshima, están en estricto orden alfabético, y ninguna culpa tiene la s de ir antes de la t, o el 67 antes del 68.

Después de tantos dimes y diretes, una de las mujeres concluye, refiriéndose por supuesto a Oshima, que “Usted es un patético ejemplo histórico de macho falócrata”, y la otra: “Es decir, que usted es el típico macho machista”.

No obstante, las dos enmudecen cuando Oshima les muestra un carnet de identidad para, acto seguido, finiquitar: “Sin embargo, aunque tenga un cuerpo de mujer, mi mente es totalmente masculina. Yo, desde el punto de vista psicológico, vivo como un hombre. Por lo tanto, podría ser cierto aquello que ha dicho usted del ejemplo histórico. Tal vez yo sea un redomado sexista. Pero, aunque tenga este aspecto, no soy lesbiana. Mis preferencias sexuales se decantan por los hombres. Es decir, que aunque sea una mujer, soy gay. Jamás he usado la vagina, siempre practico el sexo anal. Mi clítoris es sensible, pero mis pezones no demasiado. No tengo menstruación. ¿Qué voy a discriminar yo? ¿Me lo pueden explicar?”.

Huelga decir que las mujeres salieron de ahí hechas una furia. En cambio, yo quedé entusiasmado, y dediqué un aplauso de admiración cerrado a Oshima.

Quizá ya vaya siendo hora que le den el Nobel a Murakami, eterno finalista, y como lo otorgan únicamente a vivos y él es coetáneo mío (1949), ya no queda mucho tiempo.

lunes, 27 de mayo de 2024

Perras católicas

A raíz de mi último escrito salió a colación Farca, mi compañero judío de secundaria en 1964, en el Colegio Cristóbal Colón, hace justo ¡sesenta años! Y no era sólo que el titular de segundo “B”, Jesús Villegas Redondo, quisiera obligarlo a ir a la Basílica de Guadalupe, sino que el titular de otro grupo y profesor nuestro de geografía y ¡civismo!, Celerino Salmerón, seglar fanático recalcitrante de derecha, incurría en francas agresiones a su persona, que no por indirectas resultaban menos deleznables.

Qué necesidad tuvieron los padres de Farca de inscribirlo en una escuela confesional católica y los directivos de ésta, hermanos lasallistas, de aceptarlo, supera mi capacidad de entendimiento. Quizá fuera que la fama del colegio los llevara a afrontar el reto y aceptar las reglas no escritas de mutuo respeto planteadas por ambas partes, pues el muchacho siempre se comportó a la altura durante los momentos de oración que acostumbrábamos entre una clase y otra, de pie, con gesto adusto y brazos cruzados.

Pero esto no bastó para que en una ocasión y sin venir al caso el maestro Celerino, durante su clase de ¡civismo!, derivara su plática hacia el judaísmo y lo tildara, lo menos, de intolerante, y nos sambutiera el rollo de que la ley judía, sin especificar cuál, por supuesto, conminaba a los suyos a no ejercer la prostitución entre ellos, que para eso estaban las perras (literal) gentiles, que profesan otra religión.

El pobre Farca no hallaba dónde meter la cabeza y únicamente la volteaba de un lado a otro para confrontar las miradas que se posaban sobre él, con un “no es cierto” apenas dibujado en sus angustiados labios. Cuando el orate se percató de la inquietud del grupo y sabiendo de la presencia de Farca, se limitó a decir que él se hacía responsable de sus dichos y nos conminó a guardar compostura, cuando su conducta apuntaba a que era Salmerón el único que no lo hacía.

Las dos grandes obras de Celerino Salmerón, que siempre nos presumía, son Las grandes traiciones de Juárez y En defensa de Iturbide, ambas editadas originalmente por Editorial Jus. Las dos compendian el espíritu reaccionario de su autor.

Algunas veces llegó a ser invitado al programa Anatomías de Jorge Saldaña, tan dado al show y la polémica, y para el que Salmerón resultaba un suculento manjar. En alguna de esas ocasiones coincidió con el pintor José Luis Cuevas y éste no salió de su azoro cuando aquél proclamó a voz en cuello que Sergio Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca, iba derechito en la resbaladilla del infierno, a propósito de quién sabe qué. Cuevas, enojado, se limitó a preguntar a Saldaña que de dónde sacaba esos especímenes, refiriéndose a Celerino, obviamente, e ignorando totalmente al sinarquista.

Sus dos hijos estudiaban en el mismo colegio al que yo asistía y donde su padre “enseñaba”. Incluso uno de ellos aseguraba que su padre estaba loco de atar.

sábado, 25 de mayo de 2024

¡Cómo te odio, Dios mío!

Estaba desbocadamente escribiendo un artículo en tercera persona con tan irreverente título sobre un niño-adolescente, Rulo, cuando me vino a las mientes que tal vez hacía varios años ya lo había redactado, pero en primera persona. En efecto, pues http://blograulgutierrezym.blogspot.com/2016/10/melancolia-me-fascina-la-etimologia.html da cuenta de ello hace casi ocho años.

Nada más concluiría que lo único que a Rulo le disgustaba de su ateísmo era no tener a nadie a quien odiar por todo el daño autoinfligido.


jueves, 9 de mayo de 2024

"¡No sumes, Caro, piensa!"

Tengo dos hijos: Caro, de 32 años de edad, y Raúl, de 30. Cuando eran pequeños: Caro, de 7-8 años, y Raúl, de 5-6, solía sentarlos a la mesa de la cocina, uno enfrente de la otra, y yo en el medio, y los sometía a cálculos mentales aritméticos sencillos: sumas, restas y multiplicaciones y divisiones muy simples. Raúl, a su corta edad, respondía correctamente con celeridad y aplomo a cuanto reto lo sometía. Caro, más nerviosa, protagónica y competitiva, se presionaba mucho y erraba algunas veces sus respuestas, que Raúl se apresuraba a corregir. En una de esas ocasiones, el niño se conmovió tanto de ver a Caro sufrir que se apresuró a aconsejar enternecedoramente a su hermanita: “¡No sumes, Caro, piensa!”, lo que provocó una franca carcajada de padre e hija ante tamaña salida.

Era obvio que el niño había logrado desarrollar con el paso del tiempo ciertas técnicas mentales que le permitían responder certera y rápidamente los enigmas del progenitor.

Todo esto viene a colación porque suelo hablar mucho de Carolina y muy poco de Raúl, pero no es de mala fe, sino más bien producto de ese protagonismo al que la hoy respetable dama es muy dada, a diferencia del hoy respetable caballero, mucho más reservado, casi casi rayano en la introversión.

Pero qué va. Raúl, al igual que Caro en el Tec en Arte y Diseño Digital, se graduó de excelencia en Administración de Negocios en la Universidad De La Salle Bajío, muy a pesar del incierto inicio en estos menesteres. Me explico. El día de la inscripción a la carrera dejé a Raúl a las puertas de la prepa y me encaminé a la Universidad no lejos de ahí a consumar dicha inscripción. Cuando recogí al muchacho en la tarde, le mostré los documentos que lo acreditaban como flamante miembro de la carrera en Administración de Negocios. “¡Pero, pá -se sorprendió él-, si te dije que en Negocios Internacionales!”. “¡No mames! -lo atajé yo flemáticamente-, y ahora, ¿qué hacemos?”. “Pues ya ni modo, así le dejamos -se resignó él estoicamente”.

Insisto, así y todo, hizo una carrera envidiable que hoy lo tiene en el corporativo de General Motors en Silao por ya casi tres años, y feliz de la vida.

Pero no sólo eso, sino que, como ya lo adelantaba su precocidad numérica, ha desarrollado una serie de habilidades financieras que ni yo, actuario, soy capaz de seguir, lo que le ha permitido hacerse de su propia casa -obviamente hipotecada- en un  tiempo récord, a sus “tiernos” 30. El coche de sus sueños lo damos por descontado, pues cuenta con él desde que trabajaba en el sector bancario, mucho antes de ingresar a la honrosísima GMC.

Por todo esto y mucho más, gracias Raúl, gracias Caro, por haberle dado sentido a mi vida.

Por cierto, creo que Elena piensa lo mismo. 

domingo, 5 de mayo de 2024

Mis sobras completas

La gloria o el mérito de ciertos hombres  consiste en escribir bien; el de otros consiste en no escribir.

Jean de la Bruyère, citado por Enrique Vila-Matas en Bartleby y compañía.

Enrique Vila-Matas ha escrito un libro, Bartleby y compañía, a propósito de grandes hombres que nunca escribieron, como Sócrates, o bien escribieron muy poco, como nuestro Juan Rulfo. El título de la obra nos recuerda al personaje del relato de Herman Melville, Bartleby, que siempre que era conminado por sus congéneres a ponerse en acción respondía invariablemente con un “Preferiría no hacerlo”, y así se la llevaba indefinidamente. Por ello, Vila-Matas pone en compañía de este espécimen a todos aquellos individuos que se negaron a escribir nada o no lo volvieron a hacer nunca después de algunos escarceos iniciales.

Don Enrique dice que Rulfo achacaba a la muerte de su tío Celerino su esterilidad posterior a Pedro Páramo y El llano en llamas, ya que el señor era un mentiroso empedernido que capturaba la embelesada atención del sobrino con sus relatos apócrifos. Dicho pariente era un borracho que se ganaba la vida ¡confirmando niños! Pero muerto el perro se acabó la rabia.

Lo anterior viene a cuento por la insistencia de la familia cercana, especialmente Caro y Elena, y algunas amistades entrañables para que escriba un libro. Háganme el favor, como si se tratara de enchílame otra. Digo, porque si nos vamos a embarcar en tal empresa, que sea con la mayor seriedad del mundo, lo cual me llevaría no menos de una década conseguirlo, para así poderme equiparar con los grandes autores aunque fuera tan sólo en eso. Y ya no me da el reloj. Así que “preferiría no hacerlo”. Mis seres queridos insisten en que emprenda esto como proyecto de vida y terapia antidepresiva, a lo que yo, imperturbable, les reitero: “preferiría no hacerlo”.

Lo más a lo que podría aspirar es a poner juntos el casi medio millar de imbéciles retazos que he “balbuceado” a lo largo de dieciséis años para por lo menos ofrecer un somnífero efectivo para el par de potenciales e incautos lectores que se atrevieran a adquirir Mis sobras completas; sin aspirar a Nobel alguno, por supuesto.

Por lo demás, el libro de Enrique Vila-Matas es muy entretenido y didáctico en este sentido.