Cuando el servicio público no estaba reñido con la grandeza
A mediados de la década de los 80 del siglo pasado, cuando Teléfonos de México era todavía una empresa estatal, resultaba prácticamente imposible conseguir una línea telefónica si se carecía de ella. Tal fue mi caso, pues llevaba años solicitándola y, para tal fin, acudía yo regularmente a la oficina que la empresa tenía cerca de mi lugar de trabajo a que me embadurnaran el papel con mi petición con sellos y fechas que nunca se cumplían. Hastiado de la situación, me decidí a publicar una carta en Foro de Excélsior, donde ponía yo como lazo de cochino a la compañía, identificándome plenamente, con nombre, dirección y, claro, sin teléfono. Un par de días después, al llegar a la casa, me recibió la vecina diciéndome que me habían venido a visitar de Teléfonos para dejar una carta que ella se atrevió a recibir en mi nombre, en la que el director de la telefónica, Emilio Carrillo Gamboa, me comunicaba que, si no tenía yo inconveniente, me esperaba a la 5 de la tarde del día siguiente en s...