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Mostrando entradas de 2020

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Primero, lo anecdótico. Hugh Everett y su esposa acordaron llevar un matrimonio abierto, que era lo que mejor se acomodaba a la conducta que aquel había observado siempre, y lo cumplieron. Por otro lado, lo científico. Quizá la existencia de esos múltiples mundos que proponía Everett ( branching ) explique el impresionante avance tecnológico que se ha obtenido con la mecánica cuántica, de una sorprendente exactitud en la predicción de sus resultados, que se manifiesta principalmente en los monstruos computacionales de la actualidad. Si no en otros mundos, ¿dónde más podrían tener lugar esos portentosos e inverosímiles cálculos de las computadoras de hoy? Es difícil entender a cabalidad la esencia de la mecánica cuántica, no así de sus resultados, lo que derivó en la ya clásica expresión entre los físicos de Shut up and calculate! (¡Cállate y calcula!). A las objeciones que algún colega de Everett opuso (“ I don’t branch!” ) a su interpretación de los múltiples mundos (MWI, por sus sig...

Many worlds interpretation

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Hugh Everett, excéntrico doctor en física por la Universidad de Princeton, es ya uno de mis ídolos. Nacido en 1930 y muerto en 1982 a la edad de apenas 51 años, fue su última voluntad ser cremado y que sus cenizas fueran dejadas afuera junto con la basura, lo cual cumplieron sus allegados al pie de la letra. En mecánica cuántica existe una interpretación clásica del mundo subatómico conocida con el nombre de interpretación de Copenhague, de Niels Bohr y sus discípulos, que ha resistido el paso de los años hasta nuestros días, no porque no sea rebatible y polémica, sino porque Bohr, que era un señorón de la ciencia y la cultura, con una personalidad arrolladora, aleccionó bien a sus súbditos, que no se atrevieron a cuestionar la teoría del gran maestro. Hubo alguno, fuera de su grupo, que no comulgaba del todo con dicha interpretación y que se atrevió a desafiarlo públicamente lanzando su propia interpretación del mundo cuántico. Quizá no fue el primero, pero sí el más conspicuo. Sí...

ResiElencia

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ResiElencia 1.  f.   Capacidad   de   adaptación   de   Elena frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos (“ RAE ”). No voy a caer en el absurdo de proclamar que Elena fue uno de los factores vitales que permitieron a nuestro negocio salir a flote este aciago 2020. No, sería injusto: ¡fue el principalísimo! Mi carácter sombrío poco ayudó en esta ingente tarea, que mi querida Elena supo llevar a buen puerto, con la sola, invaluable, ayuda de su fiel pupila, la encantadora Scarlet (así, con una ’t’ simple). El don de gentes de mi esposa es ya proverbial en todo León, pues su tienda se ha vuelto un referente en toda la ciudad en estos casi trece años de existencia, lo que la ha llevado incluso a tener que surtir pedidos de otras partes de la república. La encantadora (Scarlet) cumple ya con nosotros cuatro años el próximo mes. Cuando abrimos en 2008, la chiquilla (lo sigue siendo) tenía apenas ocho de edad. Ya he justipreciado en numerosa...

Fuera de lugar

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No es por la decepción que me provocó la derrota de mis Pumas -equipo de origen, ya que de la UNAM provengo- en el torneo Guard1anes de la Liga MX, después de todo el León es el equipo de mi adopción, vamos, el segundo de mis quereres. Yo más bien creo que es la edad, pues ah, cómo me aburre el futbol, o soccer, más bien, porque el americano sí que me encanta y apasiona. Entonces, no, no es la edad, sino el peloteo insulso a que nos ha acostumbrado la ínfima calidad de nuestro balompié, en el que hasta el clasificado en el lugar número doce del torneo regular tiene oportunidad de proclamarse campeón. He ahí la explicación. Ese peloteo a que nos sometieron ambas fieras en los dos partidos finales no es algo ajeno a lo que presenciamos todo el año, torneo tras torneo. El tiempo perdido es otro de los factores que contribuye a hacer de este deporte algo digno del mejor bostezo. Alguna vez Imagen Televisión intentó el ejercicio de medir el tiempo efectivo de juego en los partidos que tra...

Caro en el Pico

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No, no me refiero al costo de la pandemia en el pico de la misma, ya saben que de eso estoy hasta la madre. Hablo más bien del ataque de mi hija Carolina a la cima del Pico de Orizaba o Citlaltéptl (Cerro de la Estrella), lo cual intentó hoy, domingo 13 de diciembre de 2020, coronando así su primera cumbre. Nos lo acaba de informar. Todavía recuerdo cuando en junio de 1992 IBM me asignó temporalmente a su laboratorio en La Gaude, Francia, colindante con la Costa Azul, a donde exigí que me acompañara la familia, entonces compuesta sólo por Elena y la referida Caro, que justo acababa de cumplir el año de edad. Ésta prácticamente terminó de aprender a caminar en los aeropuertos mientras esperábamos a abordar nuestros vuelos. Ahora, ella escalando montañas y lamentando que yo trastabille en el Parque Metropolitano. El mundo al revés, como era de esperarse que ocurriera. Carolina se estuvo preparando intensamente para esto. Hace unos meses empezó a correr como si en ello le fuera la vid...

Escandalosa ineptitud de Telmex

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Sr. Carlos Slim Helú:   La razón de que le escriba desde hotmail y no desde prodigy es que llevo más de 24 horas con el servicio de envío de correos deshabilitado para ragutie@prodigy.net.mx , a nombre del suscrito, en la línea 477-758-6302, a nombre de mi esposa, Aurora Elena Zepeda Ángeles.   El problema empezó ayer -lunes 7 de diciembre de 2020- a las 16:29 horas, después de enviar un correo masivo a cerca de un centenar de destinatarios con el artículo periodístico que como parte de mis responsabilidades escribo todas las semanas desde hace años. El siguiente correo simple que quise enviar me fue rechazado con la leyenda de que se había deshabilitado el envío de mensajes desde mi cuenta debido a que se había detectado una actividad de spam desde la misma, que llamara al 800-123-2222.   Es lamentable la ineptitud e incompetencia de su personal técnico en particular y de Telmex en general. Enseguida me comuniqué con una operadora que continuamente me estuvo sol...

"No somos iguales". No, ¡son peores!

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Me chocan los lugares comunes: ya estoy hasta la madre de covid, amlo, inseguridad, economía y demás zarandajas de la misma estirpe. ¡Ya basta!, estoy harto de leer pinche mil artículos todos los días sobre lo mismo, lo mismo y lo mismo, por eso prefiero escribir sobre física cuántica, Maradona, libros y hasta de mi vida personal. No obstante, es imposible sustraerse del todo, y menos cuando padecemos a un imbécil de la peor calaña, como el que nos “gobierna” actualmente. Aun así, no es ocioso reconocerle algunos aciertos: - Aunque seguramente habrá quien me lo rebata de manera tajante, la libertad de expresión. Jamás había leído ni escuchado en mi interminable vida tantos insultos y denuestos contra un Presidente de la República como en esta época, y esto que escribo ahora es prueba fehaciente de ello. Me cuestionarán ¿y quién chingaos te lee a ti? Pues antes, además de ustedes, quienes me hacían el favor de acercarse a mi columna los domingos en el inane periódico para el que col...

Dios no juega a los dados

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Supongamos que tenemos una pantalla plana con un pequeñísimo agujero y semicircunvalada en uno de sus lados por un hemisferio de film fosforescente, y supongamos que por ese diminuto orificio hacemos pasar una cadena de electrones. De acuerdo con la física cuántica, dichos electrones impactarían la superficie del hemisferio de una manera aleatoria pero uniforme porque la función de onda (probabilidad) asociada con la cadena de electrones sería igualmente uniforme. Para esto, la física cuántica es ideal, para asignar probabilidades y para determinar un comportamiento promedio. Pero ¿qué ocurre si por el agujerito hacemos pasar un solo electrón? Por lo mismo, no tendremos ni idea de dónde llegará a impactar, pues la física cuántica le asignará exactamente la misma probabilidad a cualquier punto del hemisferio para tal impacto, mientras que la función de onda del electrón se encontrará uniformemente dispersa a todo lo largo y ancho del hemisferio. Sin embargo, una vez que el electrón im...

In memoriam de Diego

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Para Diego Armando Maradona, por hacerme testigo protegido y otorgarme el criterio de oportunidad de presenciar en vivo las tres más grandes hazañas de su vida: los dos goles contra Inglaterra en cuartos de final y el campeonato del mundo, en México ‘86. En 1986, IBM de México fue patrocinador y parte del comité organizador del Mundial de futbol de ese año en el país. Como tal, entre otras cosas, prestó terminales remotas en todas las sedes e instaló un centro de cómputo en el CIP   (Centro Internacional de Prensa), sito en Campos Elíseos, a un costado del hotel Presidente Chapultepec. Yo fui el responsable de la instalación del software de comunicaciones encargado del manejo de la red así conformada. En compensación, unos meses antes, IBM obtuvo de las autoridades del comité bonos para los empleados que quisieran presenciar los diez encuentros que se disputarían en el estadio Azteca durante el certamen, cuyo precio, ya de por sí bajo, sería descontado mensualmente por nómina. Se...

¿Qué es real?

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Hace cuatro años emprendí la lectura de una pequeña joya del Fondo de Cultura Económica, Filosofía de la física / I. El espacio y el tiempo (FCE, 2014), de Tim Maudlin, con el objeto de afianzar mis conceptos sobre la teoría de la relatividad -especial y general- de Albert Einstein (http://blograulgutierrezym.blogspot.com/2016/10/teoria-de-la-relatividad-para-dummies.html). En la obra, el autor anticipaba la publicación de un segundo volumen. Philosophy of physics / Quantum Theory (Princeton University Press, 2019), que para mí resultaba mucho más atractivo, toda vez que sobre el particular no había yo leído prácticamente nada formal, excepto lo que se publicaba en textos especializados en periódicos y revistas, y en Internet. Por eso, desde entonces, 2016, estuve cazando la aparición de este volumen, al cual accedí, a través de Amazon, hace un par de meses. Leí las primeras varias páginas -de las que la plataforma autoriza su lectura gratuita-, me pareció accesible y lo compré. Pr...

Soy autor de un solo libro

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La pandemia me obligó a releer los primeros dos libros que leí en mi vida: La Navidad en las montañas , de Ignacio M. Altamirano, y La gaviota , de Fernán Caballero (seudónimo de Cecilia Böhl de Faber). Esto lo hice a los 14 y 15 años de edad, cuando cursaba segundo y tercero de secundaria, respectivamente, es decir, ya estaba bastante huevoncito como para apenas iniciarme en tan sacrosanto deleite. Todo esto, obligado por las circunstancias, pues nos lo asignaron como deber ineludible en la escuela confesional donde recibí mi instrucción básica y media (Colegio Cristóbal Colón) en la Ciudad de México. Y es que de veras no entendía yo cómo alguien podía tomar un grueso libro y aventarse el tiro de leerlo todo. Se me hacía una tarea imposible y digna de la mayor admiración, y eso que la obrita de Altamirano es una pequeña novela de poco más de una treintena de páginas, no así la de Caballero, una novela ya mucho más en forma. Como quiera que sea, disfruté de ambas enormemente, casi ta...

Malditas redes sociales

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A raíz del madrazo que me di el día de mi cumpleaños corriendo en el Parque Metropolitano y que puso en serio peligro la vida de dos de mis piezas dentales, empezaron a aparecer una serie de anuncios en las páginas a las que suelo acceder en Internet ofreciendo todo tipo de protectores bucales. Vamos, ¡hasta correos me enviaron! A nadie le extraña, por otro lado, que si uno emprende la búsqueda de un producto o servicio vía la misma herramienta, de inmediato empiece a recibir publicidad atosigante del bien requerido proveniente de los más disímbolos proveedores, pero de aquí a que se viole la intimidad de mis correos electrónicos enviados a unas cuantas decenas de personas conteniendo artículos donde describo los avatares de mi existencia o, peor aún, se tenga acceso a los archivos personales de mi computadora para averiguar las miserias de mi vida, suena ya más cabrón. Digo, también podrían haber accedido a mi blog (blograulgutierrezym.blogspot.com), donde también incluyo los artícu...

Me dio fiebre carbonosa

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A algunos contemporáneos míos y con gustos similares que yo, les dio por celebrar su primer medio siglo de existencia corriendo ¡50 kilómetros!, y nos invitaban a quienes no habíamos alcanzado dicha meta a que nos les uniéramos, aunque sólo fuera un tramo de la ruta. Yo los acompañaba durante 10 o 20 de esos kilómetros, pues nunca he cubierto una distancia mayor a un maratón. Sin embargo, me incliné también por lo simbólico y a partir de esos primeros diez lustros   de vida empecé por correr 50, pero no kilómetros, sino minutos, que iría incrementando con el paso del tiempo a razón de uno por año. Iba a ser muy difícil que el cronómetro marcara exactamente ese número de minutos; no obstante, oprimiría el botón de stop tan pronto apareciera el 50 en el reloj. Para mi sorpresa y regocijo, ese 22 de octubre de 1999, en el parque Naucalli de la zona conurbada de la Ciudad de México, el adminículo marcaba ¡50:00.50, cincuenta minutos, cero segundos y cincuenta centésimas! Quedé anona...

Caterva de imbéciles

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Hace unos días, a raíz del anuncio del colectivo Sí por México , López Obrador atacó casi de inmediato la similitud, dijo, entre su logotipo y el del despreciable dictador Augusto Pinochet Hiriart, Sí Pinochet , cuando el siglo pasado lanzara un referendo para que el pueblo decidiera si quería seguir con su dictadura o no. Todos sabemos el abrumador rechazo que obtuvo el tirano en aquellos lejanos tiempos, pero eso es lo de menos. Lo de más es la profunda abyección del gobierno que padecemos desde hace un par de años. A eso dedican su tiempo los cortesanos del régimen: a servir a su Señor. Es repugnante imaginar la labor de Jesús Ramírez Cuevas, vocero de la Presidencia, metido en cuerpo y alma en asunto tan baladí sólo para satisfacer a su jefe y darle armas para que ataque de la manera más vil a un colectivo que busca –quiero imaginar- ser un contrapeso de su autoritario mandato. Pero, además, le elabora láminas y presentaciones para que López Obrador se “luzca” perdiendo el tiempo...

Un siglo

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  A mi padre, a trece años de su muerte y cien de su nacimiento. Mi padre, Nicolás Gutiérrez Gil ( Nick para los gringos), ese personaje de quien tanto he hablado en mis escritos, cumplió trece años de fallecido el 20 de octubre, y el 26 del próximo mes de noviembre se cumple un siglo de su nacimiento. Como he dicho hasta la saciedad, trabajó por más de cinco lustros en el turismo, conduciendo él personalmente su propio auto y trasladando a los turistas a todo lo largo y ancho del territorio nacional. A pesar de ello, casi nunca tuvo un percance serio más que en dos ocasiones. Una vez, regresando ya de madrugada a la casa, después de dejar al pasaje en su hotel tras un largo viaje de vuelta del interior de la república, un borracho lo embistió en Melchor Ocampo y Parque Vía, en plena Ciudad de México. El impacto hizo que su cabeza rebotara contra el espejo retrovisor, lo que le provocó una impresionante herida en la sien derecha y un colgajo de piel que mi padre se hubiera arran...

Robo de señales

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Con cariño, para las nuevas suscriptoras de este servicio: Adri, Betty, Clau, Hilda, Lila y Mary Tere. A finales de la década de los 70 del siglo pasado, asesoraba en el desarrollo de su primer sistema en línea, junto con otro compañero, a Banca Serfin (hoy Banco Santander), cuyo corporativo se encontraba en la ciudad de Monterrey, Nuevo León. Aunque su parte operativa se concentraba básicamente en la Ciudad de México, hubo la necesidad de trasladarse a la Sultana del Norte algunas ocasiones, pues allá se encontraba buena parte de su planta de   analistas, diseñadores y programadores de sistemas, que muchas más veces tuvo que hacer el viaje en sentido inverso. En uno de esos viajes que nos tocó hacer al norte, nos hospedamos en el hotel Ancira. Una mañana bajé a desayunar al restaurante del hotel y cuando salí, mi colega ya me esperaba en una acogedora sala, atiborrada, en la recepción del inmueble. No perdí tiempo y me encaminé directamente a los elevadores, desde donde le hic...

¿Señor Montero?

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El día de hoy fui a correr al Parque Metropolitano. De repente, alguien que venía detrás de mí se me emparejó y tomó mi paso, más lento, a la derecha, preguntándome a bocajarro: “¿Señor Montero?”. Sorprendido de que alguien me reconociera viniendo desde atrás, atónito respondí: “Para servirle”. Y el diálogo continuó: - ¿Por qué ya no escribe en el periódico? Yo lo leía todos los domingos y sus artículos me parecían muy interesantes y entretenidos –me dijo. - Le agradezco su gentileza. Lo que pasa es que hubo un intento de censura al cual yo me opuse rotundamente y la relación que hasta entonces había mantenido con el diario se dañó irreversiblemente. Pero no lo detengo, usted llevaba un paso más veloz que el mío, ¡adelante! –le respondí. - No, no se preocupe, me voy con usted. Ha de haber sido por sus ataques a Diego Sinhue, ¿verdad? –continuó mi acompañante. - Pues fíjese usted que no, fue un artículo contra Sheffied el que no les pareció. Me dijeron que para poder publicarlo te...

Repugnante y canalla, lo que mejor lo describe

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Hubiera querido comentar el libro que acababa de leer, La condición humana , de André Malraux, pero cayó en mis manos la novela autobiográfica de la escritora, editora y cineasta francesa Vanessa Springora, El consentimiento (Lumen, 2020) -que devoré de un tirón en dos sentadas-, sobre un depredador sexual, el también escritor galo Gabriel Matzneff. Al principio, me chocaba un tanto que V. -como se llama a sí misma en el libro la autora-, una adolescente de apenas 14 años de edad, contra los 50 de G. –como nombra a su contraparte-, se dejara seducir epistolarmente por éste, conocido de la madre, que en un inicio manifiesta su oposición rotunda a tal relación, pero ante la evidencia de los hechos no le queda de otra más que ceder e incluso empezar a recibir y departir con la pareja en la propia casa materna, de la que el padre ya ha huido, en un típico caso de disfuncionalidad familiar. Me chocaba también enterarme de la aquiescencia de la niña a que el hombre le hiciera todo cuant...