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Du yu espik yerman?

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Después de varios años, nueve para ser precisos, volví a leer Los Buddenbrook ,  la esplendorosa obra de arte de Thomas Mann, autor teutón laureado con el Nobel de literatura en 1929 y para el que influyó en no poca medida para que se lo otorgaran esta creación producida por el genio alemán cuando apenas contaba ¡25 años de edad!, en 1901, y que quizá sea mi libro favorito de todos los tiempos. Recomiendo ampliamente que se lea el escrito de mi autoría  http://blograulgutierrezym.blogspot.com/2014/07/schopenhauer-filosofo-maldito.html , publicado en estas mismas páginas, también hace muchos años. El tener nuevamente entre mis manos este libro representó la misma enorme felicidad que se experimenta cuando se tiene el placer de disfrutar una extraordinaria lectura por primera vez, y que uno sabe que le estará acompañando por varias semanas, llegando al extremo de levantarse todos los días con el ánimo fortalecido con el solo recuerdo de la tarea que se emprende y del enorme ...

El planeta azul

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En una ocasión cuando yo estaba en prepa, después de una clase de física, continuamos la discusión con el maestro fuera del aula a propósito de un problema que habíamos resuelto poco antes. En un momento dado quise rebatir al docente con una engreída observación: “Pero eso querría decir que la Tierra viaja alrededor del sol a velocidades inimaginables”, a lo que el profesor respondió, bajándome los humos, con un contundente: “¿Y quién le dice a usted que no?”, quedando zanjada la disputa. Y me olvidé del asunto para siempre, igualito que con el enigma de la cara oculta de la luna que me explicaron en primaria y que nunca entendí, hasta que mi hija me obligó a comprenderlo cabalmente, cuando yo ya era un   cincuentón, para que se lo pudiera explicar a ella de apenas ocho años de edad. Es decir, aquel día en la prepa volví a hacer mío el lema del insigne filósofo mexicano Juan Descartes: “Existo, luego pienso”. Nunca mejor aplicado un apelativo al meshica, que por naturaleza descarta...

Aseguradoras voraces

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Mi esposa, mi hija y yo tenemos una póliza común de seguro de gastos médicos mayores (SGMM) con una compañía grandotota (Grupo Nacional Provincial o GNP), que nos ha brindado “protección” por más de tres lustros (desde 2004). El 20 de febrero de 2019 renové dicha póliza por un año más a un costo, por los tres, de 36,599.73 pesos. En días pasados emitieron ya una factura para la renovación 2020 por un costo de 48,650.50 pesos, es decir, un obsceno aumento ¡del 32.93%! Obviamente, la mayor culpa del cargo la tengo yo con mis 70 años de edad, aunque mis parientas no cantan mal las rancheras. Afortunadamente mi hijo tiene un seguro envidiable de gastos médicos mayores (y menores) de clase mundial en Banco del Bajío, donde trabaja, con coberturas y deducibles sin parangón y, todo, incluido dentro de su paquete de beneficios laborales, esto es, sin prima que pagar. Claro, con una compañía de seguros distinta a la nuestra, más modesta, pero mucho más humana (Atlas, y ya se sabe: con el Atlas,...

La transa de las pensiones

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Yo me jubilé en octubre de 2009, bajo la ley del Seguro Social 73 (LSS 73), cuando cumplí 60 años de edad. Como dejé de cotizar en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en 1995, al que me afilié en 1966, tuve que reactivar mis derechos cotizando de mayo de 2008 a la fecha de mi jubilación. Pero en 1997 se promulgó una nueva ley (LSS 97) que establecía, en un artículo transitorio, que las pensiones serían calculadas a partir de ese año en base a 15 salarios mínimos (SM) para quien hubiera cotizado a ese nivel, límite que se incrementaría año con año en un SM hasta llegar a un máximo de 25 SM en 2007. Pues bien, como mis salarios de cotización al IMSS databan de una fecha anterior a 1997, mi pensión fue calculada en base a 10 SM, como lo establece la LSS 73, muy a pesar de que mi salario de cotización siempre estuvo topado a 25 SM, excepto en 2008-2009, en que sólo lo estuvo a 5.66 SM. Sin embargo, para quien se jubila después de 1997 y con sus cinco últimos años de cotizac...

Gobernador por una noche

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Hace unos días soñé que durante un cónclave parecido al de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sus miembros estaban seleccionando, de entre ellos mismos, a quien sería el próximo gobernador del estado de Guanajuato, en sustitución del inane Diego, proceso en el que ¡yo participaba! Por supuesto, no me otorgaba a mí mismo ninguna posibilidad, pero cuando me vi encima con cuatro de los once votos en disputa, empecé a abrigar “esperanzas” y, a la vez, llenarme de terror, pues a la par de un gusto masoquista, me asaltaban el temor y la duda de qué coños podría hacer yo en el cargo, para el que con toda generosidad me consideraba inapto, por decir lo menos. Entre los presentes estaba Miguel Márquez Márquez, predecesor de Sinhue y su incuestionable padrino (en la tétrica jerarquía del abominable Yunque, presidido por su miembro más conspicuo, el siniestro Elías Villegas), lo cual era indicativo de que tendría que ser yo un gobernador panista. Cuando hube asegurado...

Inspiración citadina

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Finalmente, Elena y un servidor disfrutamos de cuatro días de vacaciones en el terruño (CDMX). Nos fuimos en uno de esos transportes privados que ahora ofrecen sus servicios en todas partes, muy cómodos, y que salen y llegan de lugares menos horrendos que las centrales camioneras. Nosotros, por ejemplo, salimos de Plaza Mayor y llegamos al Auditorio Nacional, y de regreso, a la inversa. Nos hospedamos, como de costumbre, en un hotel justo a espaldas de la embajada americana. Mejor ubicación, imposible. Apenas llegando, nos enfilamos, a pie, por todo Paseo de la Reforma hasta llegar a Mariano Escobedo y de ahí, a la derecha, alcanzar el lobby bar del Camino Real para echarnos unos tragos. Elenita se refinó dos tequilas y yo ¡tres bohemias!, con música ambiente de fondo. La razón principal de nuestro periplo era compartir al día siguiente la “tradicional” comida anual (apenas llevamos tres) con una vieja amiga mía de toda la vida en nuestro restorán favorito, pero mi esposa quiso ap...

El abuelo

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El otro día fui a correr al Parque Metropolitano. Mientras calentaba, vi que una joven de alrededor de 25 años iniciaba su trote. Me puse como meta alcanzarla una vez que hubiera terminado con mi calistenia. ¡Qué va! Una vez emprendida mi marcha, sólo divisaba a lo lejos cómo se alejaba más y más, pero de repente se detuvo, aparentemente algo no andaba bien con su iPod. Nunca imaginé conseguir mi meta tan pronto. Cuando pasé junto a ella, me saludó y me infundió ánimos con frases típicas entre corredores. Correspondí de la misma manera a sus enternecedoras palabras. No bien había yo recorrido unas cuantas centenas de metros cuando la chica me alcanzó y rebasó nuevamente, volviendo a alentarme con dichos similares a los anteriores. Otra vez la vi alejarse… y detenerse de nueva cuenta. Ella seguía alentándome entusiastamente cuando pasaba a su lado. Y así, no les miento, otras dos o tres veces más durante el largo circuito de siete kilómetros alrededor de la presa de El Palote. Con ...