Fatalismo sin par

Existe el determinismo, por ejemplo, en las leyes inconmutables que rigen al universo. El libre albedrío, en las decisiones cotidianas que tomamos todos los días. Y existe una tercera y fascinante teoría -opuesta al determinismo- el indeterminismo o fatalismo estadístico, no regido aparentemente por ninguna ley… o por lo menos así se creía hasta hace relativamente poco. Ilustrémoslo.

Consideremos los suicidios que se presentan en una determinada región. Si se cuenta con información suficiente, se puede llegar a estimar con asombrosa exactitud el número de suicidios que ocurrirán en dicha región en un futuro. ¿Quiere esto decir que si evitáramos dicho cálculo la gente no se suicidaría? Por supuesto que no, nuestros cálculos nada tendrían que ver con los deseos de los suicidas, serían absolutamente independientes.

Lo que asombra es que se pueda estimar con tal exactitud algo tan impredecible como los recónditos pesares del alma humana. Todo esto gracias a la teoría de los grandes números.

Este es el tema del libro que estoy devorando actualmente, La domesticación del azar / La erosión del determinismo y el nacimiento de las ciencias del caos, de Ian Hacking (Gedisa, 2022). ¡Remanso de placer incomparable!

La estadística y el cálculo de probabilidades vinieron a poner orden en algo que parecía carecer de todo rigor científico hasta hace apenas pocos siglos, y si no, pregúntenle a mi amigo Pepe, que se ha hecho inmensamente rico con la explotación de estas disciplinas (https://blograulgutierrezym.blogspot.com/2020/09/una-apuesta-de-mucho-peso.html).

Por ahora, continúo con la lectura de este tesoro. Se los recomiendo ampliamente.

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