Guía para la infelicidad

Sigue una dieta rigurosa durante tres días previos al estudio, siendo los dos últimos prácticamente de ayuno total. El día anterior, toma una purga de “caballo” diluida en ¡dos litros de agua! entre las 5 y 7 de la tarde, a razón de un vaso cada quince minutos, y asume las consecuencias inmediatas. Temprano en la mañana del  día siguiente, la del estudio, repite la misma dosis de la purga entre las 7 y 9, y vuelve a asumir las repentinas consecuencias. Y prepárate para la cita de las 13:30, que aunque haya sido fijada con meses de anticipación, no se respeta y te van sometiendo al estudio pasadas las 4 y media de la tarde, de tal suerte que vas abandonando el lugar cerca de las 6, después de que te advirtieran que las laceraciones producidas por la radiación en los órganos más íntimos de tu cuerpo son de tal magnitud que tendrás que someterte a un tercer estudio en otro par de meses, y quién sabe a cuántos más, ¿verdad? Porque el presente no fue el primero, sino el segundo, calca del primero, y ahora te “prometen” un tercero.

Comprenderán ustedes que no me quede más que afirmar con Borges en su inmortal soneto El remordimiento:


He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.


Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida


no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.


Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
la sombra de haber sido un desdichado.

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