Viacrucis clínico
Los lodos en la vesícula biliar no son operables, señor, le dijo la médica familiar del Seguro en mayo de 2023; lo que sí tiene muy elevado -continuó- es el antígeno, por lo que le voy a dar cita con el urólogo para dentro de cinco meses. A los pocos días lo operaban de emergencia en una clínica privada para extirparle la vesícula. Y como no podía esperar hasta octubre, acudió también con un urólogo particular que le diagnosticó cáncer de próstata. Mientras tanto, se llegó octubre y aprovechó para solicitar la aplicación de radioterapia contra su mal en el Seguro, pero sus máquinas para tal fin estaban descompuestas y no le quedó más que rematar su coche para, nuevamente, atenderse en un hospital privado.
Años después (dos), empezó a evacuar sangre, y el urólogo del Seguro lo mandó con el proctólogo de la misma institución para que lo revisara y le prescribiera una colonoscopía diagnóstica para descartar males mayores. El urólogo, además, le indicó que sus niveles de antígeno, aunque poco, estaban creciendo sospechosamente, y la gastroenteróloga, por su lado, que no había males graves, pero que era necesaria una segunda colonoscopía para curar las laceraciones internas provocadas por la radioterapia y así evitar el sangrado.
Ya imaginarán ustedes las tribulaciones de este derechohabiente al vislumbrar que su terapia contra el cáncer no haya servido más que para lesionar sus órganos internos, y a la espera de ese segundo y costoso tormento curativo. Poco le alentaba el hecho de que éste, ahora sí, corriera por cuenta del Seguro, pues quedaba aún latente el mal mayor, el de la recurrencia del cáncer.
Yo únicamente estoy aquí para animar a este atribulado individuo de 76 años de edad a que no ceje en sus empeños, aunque sea difícil sacarlo de su más que comprensible depresión.

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