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Mejor que en Dinamarca

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Apenas me enteré esta mañana que urge que me extirpen la vesícula por su mal funcionamiento y su potencial de producir cálculos biliares que pudieran acarrear males mucho más graves. Como ya no soy sujeto de un seguro de gastos médicos mayores y por lo oneroso que resulta la medicina privada, me decidí a explotar mis “influencias” en el IMSS y escribirle directamente a su director general, Zoé Robledo. Menos de cuatro horas después se comunicaron de su oficina conmigo por el mismo medio, solicitando un número telefónico para ponerse en contacto y que les explicara en tiempo real mi caso. La amable licenciada que me atendió me fue acorralando hasta hacerme parecer como deseable el proceso que se debe seguir en estos casos. Haga una cita con su médico familiar en la clínica que le corresponda, me dijo, ahí le van a proporcionar una referencia/contra referencia para el Hospital General Regional (HGR) de su demarcación, y si le dan una fecha, por decir algo, para octubre (no pude evitar ...

Dos lecturas "execrables", una lectura amena

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Hace unas semanas leí en la columna Piedra de Toque, que Mario Vargas Llosa publica en el diario español El País, el texto intitulado El oso , en referencia al cuento, relato o novela corta homónima del inmortal William Faulkner (92 páginas). Vargas Llosa asegura que a lo largo de los años ha tomado no menos de diez veces el libro de Faulkner para disfrutar su lectura, y a continuación hace el panegírico del mentado libro, elogio que a mí me parece excesivo, ya que el escrito del Nobel norteamericano es por demás críptico y enigmático, como mucho de lo que Faulkner escribió a lo largo de su vida, pero nada como esto, y miren que he leído y disfrutado obras como Luz de agosto , El ruido y la furia , Santuario y ¡Absalón, Absalón! del mismo autor, de difícil comprensión, pero, insisto, nada como esto. Lo menos que hice fue disfrutarlo, y la duda me entra: ¿de veras el novelista habrá disfrutado escribiéndolo? ¿Quizá a Vargas Llosa le ocurre lo mismo que a mí y por eso ha emprendido l...

Vulgar jineteo

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Hace casi veinte años, mi esposa y yo abrimos una pequeña tienda de regalos y, desde siempre, las ventas a crédito en fin de semana no nos son abonadas hasta el lunes siguiente, es decir, transcurren tres largos días (viernes a lunes) para que veamos reflejadas en nuestro estado de cuenta dichas ventas. Lo mismo ocurre con los días feriados: los saldos no se reflejan sino hasta pasado el día festivo. El colmo es cuando en la Semana Santa no se abona nada desde el miércoles hasta el lunes de Pascua. Entiendo perfectamente que es un dinero que los bancos aún no reciben, pero que de cualquier forma tendrían que enterar a los negocios afiliados tan pronto como les fuera posible, incluso en el momento mismo de la venta, vía una modalidad del tan socorrido SPEI. Venta por la que además cargan una comisión al establecimiento, amén de los intereses y recargos moratorios a los usuarios del crédito. Pero ¡ah, no!, las ventas a crédito no son abonadas sino hasta el día siguiente, tres días desp...

Epitafio

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El secreto de este mundo está en haber experimentado la vida y desear vehementemente morir. No como los seres potenciales que nunca fueron y permanecen eternamente en la nada; no, no, no, haber vivido y anhelar morir, volver a esa nada, al descanso eterno, pero ya con conocimiento de causa. ¡Ah, qué belleza!

Muchas gracias, Carlos

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Cómo me gustaría que la lectura de esta reseña se fuera como el agua, tal como me pasó a mí con la lectura del libro del académico colombiano Carlos Granés Delirio americano , un extensísimo ensayo de ochocientas páginas de longitud, 416 notas incluidas. Estamos hablando de un fascinante recorrido por la historia social, cultural y política de Latinoamérica durante el último siglo y cuarto, a partir del año de la muerte del héroe y poeta cubano José Martí en 1898 hasta nuestros días, específicamente 2022: 125 años, ni uno más ni uno menos. Esta obra titánica le tomó al autor una década, lo cual se nota en la erudición que desparrama a lo largo de sus páginas. Divide su escrito en tres partes: 1898-1930 / Un continente en busca de sí mismo: el americanismo y los delirios de la vanguardia, 1930-1960 / Los delirios de la identidad: la cultura al servicio de la nación y 1960-2022 / Los delirios de la soberbia: revoluciones, dictaduras y latinoamericanización de Occidente. La razón de est...

Sin El Palote preferiría morir

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El miércoles 15 de marzo, trotando a la altura del kilómetro cinco del circuito de siete de la presa de El Palote , una dama se me aproximó por la izquierda y colocando sutilmente su mano derecha sobre mi espalda me espetó: “¡Vamos, señor, muy bien, ya casi acabamos!”. Le respondí con mi mejor sonrisa y ella se adelantó, dejándome atrás. La imagen inversa no me la puedo imaginar, pues probablemente hubiera sido interpretada en estos días como acoso. Pocos metros adelante se detuvo para intercambiar saludos con una amiga que corría en sentido contrario. Ahora era yo quien la dejaba atrás, lo cual no impidió que me volviera a alcanzar casi de inmediato y me preguntara ¡por mi edad! Setenta y tres, le contesté con un dejo de orgullo, a lo que ella respondió: “¡Qué bárbaro!, ojalá Dios me dé piernas para aguantar tanto”, y al instante desapareció dejándome dando vueltas sobre mi propio eje. Este parque es lo que más me ha gustado en la ciudad de León, en la que en julio próximo cumplirem...

Triángulo amoroso

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En octubre de 1989, al final de nuestro periplo de luna de miel que abarcó Francia, Italia, Suiza y España, Elena y un servidor llegamos a Madrid para de ahí emprender el viaje de regreso a México. Una de las últimas actividades en la capital española consistió en una visita guiada a Toledo, aproximadamente a 75 kilómetros de ahí. El guía resultó excelente, pero no podía evitar un dejo de fastidio en el rostro producto, especulo, de la rutina de haber desempeñado ese papel decenas de veces. Al bajar del autobús lo obsequiamos con la consabida propina por una labor encomiablemente realizada y nos despedimos con nuestra mejor sonrisa. En el camino de vuelta al hotel le comenté a Elena que si tan sólo pudiera evitar ese ligero rictus de hartazgo, el lazarillo que nos tocó en suerte hubiera sido quizá el mejor con el que me había topado en la vida. Pero no, corregí de inmediato, ese lugar le correspondería aún a Valentina, la guía en Leningrado durante el viaje a la Unión Soviética que h...