¡Un año sin correr!
Hoy, 25 de julio de 2026, cumplí un año
sin correr ni hacer ejercicio, a esos niveles tan bajos he llegado. La vez más
reciente -por no decir la última y concitar un mal augurio- llegué al Palote y
no me percaté que la pista estaba completamente inundada donde comienza/termina
el circuito de siete kilómetros por las lluvias intensas de esos días, de tal
suerte que cuando creí terminar, ¡tenga!, el paso estaba vedado. Con angustia,
pregunté al guardia que ahí se encontraba que si no se podía pasar, a lo que
amablemente me respondió que no, que mucho se temía que tendría que regresar
por donde había llegado.
Así que ahí me tienen, corriendo en sentido inverso los siete kilómetros que ya había recorrido hasta entonces, para completar catorce o, lo que es lo mismo, la tercera parte de un maratón.
Pero no fue eso lo que me llevó a ya no correr “nunca más” y cumplir exactamente hoy el primer aniversario de no hacerlo. No, esto se debe más bien a mi inveterada depresión y a una indolencia marca diablo que me cargo ahora.
Al momento de estar checando mi agenda del año pasado, me paré en seco y recordé lo que arriba describo. De inmediato saqué mi archivo que registra mi historial de corredor en el Palote y lo actualicé con lo poco que he corrido durante los últimos tiempos.
Fue así como, orgulloso, anoté: 1,206 vueltas al 25 de julio de 2025 (8,442 km). Esto, durante los 23 años que recién cumplimos en León el pasado viernes 17. Aproximadamente, 367 kilómetros por año o uno diario durante tan largo periodo. Quizá a eso se deba el que no haya muerto aún. ¡Oh, desilusión!
Si logro liberarme de la indolencia que me aqueja y administrar mejor mi depresión, espero reanudar el trote justo al año de haberlo interrumpido.
¡Por favor, deséenme suerte, la voy a necesitar!

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