Vivir en tinieblas
El esposo de una querida prima, una persona ya mayor con 89 años a cuestas y severos problemas cognitivos, actúa de una manera por demás errática, al grado de despertarse a las dos de la madrugada alegando mil asuntos pendientes que reclaman su intervención inmediata, por más que mi pariente trata de convencerlo de lo contrario y volverlo a la cama. No fue la excepción la otra noche que se levantó y comenzó a vestirse apresuradamente pretextando que tenía que desplazarse urgentemente a Tlaxcala para ver quién sabe qué asunto. ¡Tlaxcala!, donde el individuo nunca ha puesto un pie en su vida, y que difícilmente sepa siquiera su ubicación en el mapa en sus actuales condiciones. Mi consanguínea batalló esta vez más que ninguna otra para hacer entrar en “razón” a su esposo, quien no paraba e insistía en que su presencia era requerida de manera urgente en Tlaxcala, y Tlaxcala por aquí y Tlaxcala por allá. Al día siguiente de tan penosa situación, mi prima se negó a contestar una llamada ...