¿Y si no?

En junio de 1966, un conocido de la familia tuvo que viajar a Europa por cuestión de negocios. Su estancia en Londres coincidió con la celebración de la VIII Copa del Mundo de futbol que ahí tenía verificativo. A su regreso, nos platicó que se hospedó en el mismo hotel en que lo había hecho la selección alemana, y que al día siguiente de la cardiaca final en que ésta perdió injustamente contra la anfitriona, Inglaterra, con un gol fantasma que definió todo, vio a los jugadores germanos desayunando en la terraza del hotel.

Lleno de curiosidad, pues sufrí aquella derrota en el alma como propia, le pregunté en tono afirmativo: “Los habrás encontrado deshechos, devastados”. No, me contestó él, para nada, todo lo contrario, estaban muy tranquilos y relajados, conversando amenamente entre ellos.

Mucho he oído y leído en estos días la célebre frase de que el futbol es lo más importante de las cosas sin importancia. Quizá esto explicaba la actitud de los teutones, que se tomaban tan en serio el futbol, como buenos profesionales que eran, que llegaron hasta disputar la Copa Jules Rimet, de la que fueron ignominiosamente despojados. Pero hasta ahí, la vida sigue, esto no fue más que una inspiradora y fraternal fiesta tan necesaria para la convivencia humana. Ahora, aboquémonos a enfrentar lo verdaderamente importante de la vida.

Tal vez en esto radique la diferencia con nosotros, que mientras más avanzamos en algo tan nimio, más creemos que estamos trascendiendo en el concierto internacional, y por ello la tan dolorosa y cruda realidad de las cosas importantes al día siguiente de la derrota (lunes, para acabarla): asesinatos, secuestros, desapariciones, narcotráfico, revisión del T-MEC, corrupción, crecimiento económico mediocre, un vecino cruelmente hostil al que nos “solazamos” en provocar, y un deprimente etcétera.

Por ello, gracias al mentís que me propinó esta selección, que hasta a mí me hizo soñar, sentirme fraterno y olvidarme por un momento de las cosas importantes de la vida. Ojalá nos sirva como punto de partida para salir del marasmo en el que nos encontramos inmersos.

¡Y lo grito, para que todos lo oigan!

Comentarios

Carolina ha dicho que…
¡Qué bonito escrito! :) Se me salieron las lágrimas y concuerdo al 100%. Que nos sirva como inspiración y punto de partida. ¡Un gran abrazo!

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