La mano de Dios y el Messi...as cuarenta años después
Y lo enojoso no es que los argentinos se hayan mantenido en la cima del futbol del orbe durante tanto tiempo -y aun antes, si nos remontamos a los campeonatos mundiales de 1978 y 1986, es decir, más de medio siglo atrás-, sino que los mexicanos no hemos obtenido absolutamente nada desde que se inventó el soccer, salvo aquella solitaria medalla olímpica de Londres en 2012, ya en el olvido, y todos esperanzados ahora a que 26 mediocres muchachos puedan, por fin, acceder al mítico “quinto partido”, que, por cierto, ya alcanzamos en el Mundial del ’86, pero nos hacemos tontos, porque queremos celebrar desaforadamente esa engañosa meta.
Quizá nos haga falta esa ayuda “divina” de que han gozado los argentinos a lo largo de las décadas, no sólo para alcanzar ese “quinto partido”, sino para obtener verdaderos galardones e inundar, como hacen ellos, de compatriotas las ligas del mundo.
Pero, qué va, ahí tienen, por ejemplo, el patético caso del juvenil mexicano de 17 años Gilberto Mora, que, ah, como se cansan de vendernos como futura estrella del futbol europeo los merolicos de los medios, cuando Javier Aguirre lo mantiene relegado a la banca. Esto, sin menoscabo del talento del aún adolescente.
A pesar de todo, nada me daría más gusto que los seleccionados nacionales le pusieran un tapón de hocico a ese “antimexicano” por mí representado, pero no podrán acusarme de que no se los advertí.
Quedo a la espera.

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