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¡Reprobados!

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El otro día Elena me invitó a la plática Más rápido que la luz que impartiría el físico mexicano Miguel Alcubierre en la sala Mateo Herrera del Foro Cultural Guanajuato, situado en León. El local se llenó a reventar, prácticamente de puros chavos deseosos de aprender y satisfacer su curiosidad. Independientemente de lo tratado durante la charla, no siempre fácil de seguir, fueron dos las ocasiones en que el expositor llamó mi atención. Primero, cuando preguntó a la audiencia, recordando al inmortal Galileo y haciendo escarnio de Aristóteles, que si soltáramos al mismo tiempo desde lo alto de una torre una bola de boliche y una pluma de pájaro e ignorando la influencia del aire -en condiciones ideales, dirían los clásicos-, ¿cuál de los dos objetos llegaría primero al suelo? Si me responden ustedes que la bola, sentenció, ¡están reprobados!, pues llegarían los dos al mismo tiempo. De los experimentos de Galileo con planos inclinados -ya que lo de la torre de Pisa es más bien parte ...

Un mundo muy particular

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Algunos autores gustan de complicar su escritura hasta extremos incomprensibles, como Joyce, Faulkner, Proust, Woolf, Musil et al, lo que ocasiona que muchos abandonen el empeño de leerlos por más buena voluntad que se ponga en ello. No obstante, existe otro tipo de literatura, complicadísima en sí misma, en la que ocurre todo lo contrario: el autor trata de ponerse a la altura del público en general y, sin complicaciones matemáticas o técnicas, hacer accesibles a todos los arcanos privilegios de unos cuantos. Me refiero, obviamente, a la literatura de divulgación científica, que, por más ardua y abstrusa que se vuelva, uno se niega a abandonar, pues siente el entusiasmo contagioso del que escribe, a la vez que disfruta del aprendizaje de conceptos harto abstractos. Lo anterior me acaba de ocurrir con el libro nada reciente (1996) de Leon M. Lederman (Premio Nobel de Física 1988) y Dick Teresi La partícula divina / Si el universo es la respuesta, ¿cuál es la pregunta? , pero tan ac...

Quintana, el privilegio de su amistad

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Una de las víctimas, entre muchos otros, de estos escritos míos es el reputado periodista de negocios, finanzas, economía y política Enrique Quintana, al cual sigo desde su primera época en El Financiero , luego en Reforma y en su vuelta al primero bajo una nueva administración, donde es Vicepresidente y Director General Editorial. Son ya más de 30 años de leerlo, verlo y escucharlo, pues además de su columna diaria en el periódico, disfruto su programa dominical La Silla Roja (que no Rota , ya que ésta resultó una inaceptable vacilada) a las nueve de la noche en El Financiero Televisión , y su cotidiano Al Cierre de lunes a jueves a la misma hora y por el mismo medio. Por ello, cuando me enteré que venía invitado por la inmobiliaria que maneja el fraccionamiento donde vivo a impartir la conferencia México hoy: en lo político, en lo económico y en lo social el martes 29 a las siete de la noche , me apresuré a inscribirme junto con Elena. A los cientos de personas que asistieron ...

Paternal rebuzno

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En la primaria yo “aprendí” que la luna siempre le mostraba la misma cara a la Tierra y que esto era –bien lo memoricé- porque el movimiento de rotación de nuestro satélite sobre su propio eje y el de traslación alrededor de nuestro planeta son de la misma duración: 27 días y un tercio. Con esto me bastó para obtener un 10 redondo en mi clase de geografía y consolidó más mi fama de alumno ejemplar en el colegio privado donde estudiaba. ¿Que por qué Selene mostraba siempre el mismo hemisferio a los terrícolas? Obvio, porque la duración del movimiento de rotación y traslación de la luna duran lo mismo, no hay más, memorízatelo bien. Así lo “aprendí” y mejor lo memoricé y no me hizo falta más… hasta que un día mi hija Caro me hizo rebuznar 41 años después, cuando ésta cursaba el tercer año de primaria en el año 2000. - Papi –me preguntó-, ¿me podrías explicar por qué sólo le podemos ver una cara a la luna? - Obvio, Caro –le respondí, inflamando el pecho con orgullo y autosuficiencia-, por...

¡Peligro: es vigilia!

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Cursé mi educación básica e intermedia en la Ciudad de México en escuelas católicas a ultranza en las décadas de los 50/60 del siglo pasado, y todavía recuerdo cómo durante la Cuaresma, mientras formábamos filas los viernes al mediodía en el patio del plantel antes de romper la formación para el inicio del recreo, se nos recordaba que ese día era vigilia y se nos conminaba a deshacernos de nuestros lonches si éstos contenían cualquier tipo de carne. Y ahí tienen a los dóciles estudiantes arrojando sus tortas a un inmenso tambo de basura hasta desbordarlo tan pronto sonaba la campana indicando el comienzo del esparcimiento, parte del cual lo constituía la disposición de nuestros itacates, pues los niños verdaderamente gozaban arrojando jocosamente su alimento al barril, a sabiendas de que tenían la aquiescencia de sus mentores para cometer tal villanía que en otras circunstancias hubiera sido imperdonable. Mi madre, siempre previsora y estricta observante de la vigilia, aunque nunca pus...

La Silla Rota

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El pasado lunes 7 de abril recibí la siguiente invitación del connotado periodista Roberto Rock, ex director editorial de  El Universal  y actual director de  La Silla Rota , y hoy sábado 12 hice mi debut en sus páginas electrónicas ( https://lasillarota.com/guanajuato/opinion/2025/4/11/tu-total-insatisfaccion-la-retencion-de-tu-dinero-531368.html ): Estimado señor Raúl Gutiérrez:  Me permito hacerle una invitación formal para que sus artículos tengan un espacio en la sección de Opinión de  La Silla Rota Guanajuato , un proyecto filial de La Silla Rota. Para ese efecto, le presento  a nuestro director regional, el compañero Pablo César Carrillo, un periodista muy respetado en aquella entidad y fuera de ella. Le marco a Pablo copia de este mensaje.  Creo que sin duda sus textos, variados, amenos y de muy buena pluma, enriquecerán  los contenidos de ese proyecto periodístico y supondrán una ventana para nuestros usuarios en aquella entidad par...

Tu total inSATisfacción y la retención de tu dinero

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Llegó la época del año en que suelo presentar las declaraciones de impuestos de mi hijo y mía, pero no cualquier día, lo tengo que hacer desde el primer día de abril. ¡Ah, cómo batallé en esta ocasión!, pues nunca me había topado   con una plataforma del Sistema de Administración Tributaria (SAT) tan errática, pero bueno, después de haber intentado con varios navegadores, finalmente Firefox de Mozilla se apiadó de mí, pues ni con Google Chrome ni con Opera se pudo. Ya con acuses y declaraciones electrónicos en mano pensé que había triunfado en toda la línea, y con saldos a favor en ambos casos, más aún. Todo esto ocurrió ya en la tarde de ese 1 de abril. Pero hete aquí que cuando iba a consultar el estado de nuestras devoluciones, la plataforma del SAT incurría en los más inverosímiles errores, y esto, tanto en mi computadora como en mi celular y en la laptop del júnior. Vamos, hasta en la computadora del negocio de Elena, mi esposa. En los días siguientes la situación cambió, ...