GPS orgánico

Todos los lunes y viernes, mi hijo me hace compañía a la hora de la comida mientras Elena está en la tienda. Este viernes no fue la excepción y la plática derivó hacia un tema que a él le apasiona y a mí ya no tanto, por no decir que en lo absoluto: viajar.

En un momento dado, Raúl me comentó que le impresionaba que nosotros, Elena y un servidor, los lleváramos, a él y  a su hermana Caro, de viaje a Europa sin los medios que ahora  son imprescindibles para hacerlo: celular, GPS, redes sociales, Uber y demás, que él conserva nítida la imagen de mí desplazándome por las calles con un plano de papel de la ciudad donde estuviéramos en las manos, conduciendo a la grey.

En realidad, no era tan irresponsable, pues previo al viaje consultaba internet para ubicar el plano del lugar que visitaríamos, del hotel donde nos hospedaríamos y lugares aledaños que nos permitieran desplazarnos con seguridad. Llegaba al extremo de memorizar estos mapas en torno a las áreas de nuestra incumbencia.

De tal manera procedí el día que fuimos a la República Checa. Una vez en Praga y tras abandonar la estación del tren emprendimos el camino al hotel, razonablemente cerca de ahí. Les dije a mis acompañantes: ustedes nada más síganme.

Cuando caminábamos por una de las arterias principales, se nos aproximó un individuo que nos preguntó en impecable inglés por la oficina postal. De inmediato desplegué el mapa mental diligentemente memorizado y le indiqué a nuestro gentil interlocutor que siguiera tres cuadras por la misma avenida, que diera vuelta a la izquierda en ese punto y que encontraría la oficina postal en la primera cuadra a la derecha.

Una vez que nos despedimos de nuestro inquisidor, Elena exclamó: “¡No te creo!, ahora, antes del hotel, vamos a la ‘oficina postal’, para que se te quite lo hocicón”.

Así hicimos, y mi cohorte casi cae de bruces para idolatrarme justo enfrente de la oficina postal.

La actualidad no me gusta; es más, me asusta. Tal vez a ello se deba que el próximo 13 de septiembre cumpla yo ¡quince años de no salir del país! Yo, que llegué a viajar hasta tres veces por año al extranjero mientras laboré por más de dos décadas para “la empresa más admirada” en su momento, prácticamente paralizado.

Para todo hubo su tiempo, ahora son los hijos los que la gozan en grande.

Comentarios

Juan Martin ha dicho que…
Mi estimado Raúl, yo hago exactamente lo mismo, me intento memorizar el mapa lo mejor que pueda antes de los viajes. Ahora me llevo descargado un mapa "offline", que nos salvó en Londres un 24 de Diciembre, cuando nos quedamos sin conexión para ver mapas o pedir ubers. Caminamos unos 8 km de Picadilly Circus hasta Dalston. Pocos días después nos enteramos que fue una caminata por algunas de las zonas más inseguras de la ciudad. Nada que la costumbre de caminar por nuestro México nos deje intimidar.
Carolina ha dicho que…
¡Qué recuerdos! :) Yo también me acuerdo como si fuera ayer. Varias veces he reflexionado sobre el mismo punto y, cada vez que lo pienso, mi admiración por lo que ustedes lograban crece. Muchas gracias por habernos enseñado el mundo de esa manera tan real y apreciando los detalles que verdaderamente importan y nutren el alma. Porque viajar es perderse y, aunque nunca nos perdimos como tal, sí nos dimos la oportunidad de perdernos en la cultura, los sabores, los museos y las calles no planeadas.

Habrá que cambiar esa estadística... si te dejas y te animas a perderte otra vez.

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