viernes, 10 de julio de 2020

"Amiga muerte"

Ustedes han de pensar que yo me empeño en encontrar lecturas acordes con mi melancolía, ¡pero no, lo juro! Supe de la publicación del libro Por la tangente / De ensayos y ensayistas (Taurus, 2020), de mi admiradísimo Jesús Silva-Herzog Márquez, y el análisis que en él realiza, a lo largo de medio centenar de breves ensayos, de lo que otros tantos pensadores han plasmado en ensayos de su autoría. Eso sí, mi sesgo hizo que me impactara profundamente lo que el autor escribe acerca del filósofo George Steiner y la afirmación de este sobre algo que a mí me ha apasionado siempre. Las conclusiones del propio Jesús son por demás pertinentes. A quienes me han leído cotidianamente en escritos previos les constará que estoy totalmente de acuerdo con ambos.

Escribe Silva-Herzog sobre Steiner, en su pequeño ensayo El ensayista como cartero, lo siguiente:

“Amiga Muerte”. ¿A dónde apunta, de dónde viene esta inscripción? ¿Cuál es la exigencia de este misterio? A partir de esa decena de letras, el erudito reflexiona sobre la vejez y la última libertad, la que supone decidir el fin. El imperio de nuestros científicos ha sido capaz de prolongar la vida, pero apenas ha conseguido simular las “repugnantes” miserias de la vejez. “La vista y el oído se debilitan. La orina chorrea. Las extremidades se vuelven rígidas y duelen. Las dentaduras se tambalean en bocas malolientes y salivantes. Incluso con la lamentable seguridad de un bastón o de un andador, las escaleras se convierten en el enemigo. Las noches se vuelven huecas por la incontinencia y por las vejigas estériles. Pero las debilidades del cuerpo no son nada comparadas con la devastación de la mente.” ¿Cómo puede pensarse que ante este cuadro la muerte sea amenaza? Entregarse a ella parece la única esperanza sensata. ¿Qué le sugiere aquella pareja de palabras sobre la amistosa muerte? Que en la elección de la muerte se juega más que nuestra dignidad. Ser persona es ser libre de vivir y de morir. Amiga muerte: aquel par de palabras es el manantial del pensamiento.

El sabio entendía de lo que hablaba, pues murió el pasado 3 de febrero a los 90 años de edad, y lo que Jesús concluye es impecable.

Deliciosa y enriquecedora lectura esta que estoy haciendo del solvente Jesús Silva-Herzog Márquez, llena de sabiduría y rebosante de belleza.


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