sábado, 17 de noviembre de 2007

"Inocuo" 13

Cuento

Me ufanaba en desafiar al 13. Cuando viajaba en avión y la empleada de la aerolínea me inquiría "¿ventanilla o pasillo?", yo simplemente respondía "en la fila 13". Lo mismo ocurría al llegar a los hoteles: "¿cuarto de fumar o no fumar?"; "en el piso 13", respondía yo lacónica y desdeñosamente. Cuando por estúpida superstición el hotel "carecía" de este piso, pedía yo el que usurpaba sus funciones, es decir, el 14.

Al llegar al teatro, no permitía yo que el empleado de la ventanilla osará cohecharme, simplemente pedía yo la butaca 13, de cualquier fila, antes de que aquél iniciará el rito de querer obtener unos pesos más para sí.

Y así en todo. Llegó, sin embargo, el día en que, por azares del destino, al inscribirme en un curso de periodismo me tocó, sin solicitarlo yo obviamente, la ficha número 13. Esto, por supuesto, me llenó de gozo... al principio. Desgraciadamente esto coincidió con mi cumpleaños número 52, y ahí comenzaron los problemas.

Me comenzó a entrar una paranoia que no tenía más explicación que la de la ruleta rusa: había yo desafiado tanto a la suerte que ésta se estaba cobrando en el momento justo sus "servicios". Empecé por no dormir una, dos, tres noches, lo cual incrementaba mi desasosiego. Cuando cumplí el mes de mal dormir decidí buscar ayuda profesional.

Lo he intentado todo, médica y medicinalmente hablando: alopatía, homeopatía y psiquiatría; Ativan, Tafil y Prozac... y nada. Después de meses, la figura que me devuelve el espejo por las mañanas me espanta. Mis ojeras me deprimen aún más, y este círculo vicioso se ha convertido en un infierno sobre la tierra.
Muy bien sé que ese maldito 13 me está llevando inexorablemente a la muerte...

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