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Mi blog, un desastre

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Creé mi blog https://blograulgutierrezym.blogspot.com/ hace bastantes años para que sirviera de repositorio o almacén de todos estos escritos con los que intento distraer su atención, más que ilustrarlos -¡líbreme Dios!- en los diversos tópicos o asuntos que abordo en ellos. Por lo mismo, no se me había ocurrido, sino hasta hace poco, echarle un vistazo a las estadísticas que la plataforma me ofrece sin yo pedírselas. Fue así como me enteré que tengo cero seguidores, ni encontré en el sitio un lugar para que la gente se apunte para tal efecto; mi blog consta de 515 entradas, ya considerada ésta, y la inverosímil cantidad de únicamente 51 comentarios a lo largo de ¡más de tres lustros! Eso sí, 95,176 incautos han ingresado de una u otra forma a mi parcela, lo que de cualquier forma da un promedio diario notable a través de los siglos. Pero lo que definitivamente no tiene igual son los ingresos monetarios que he acumulado a lo largo de todo este tiempo: ¡116 pesos con 22 centavos!...

Soy un analfabeto

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Ahora que tuve que renovar mi credencial de elector, comúnmente conocida como INE, recordé un episodio por mí vivido hace ya más de una década en la unidad de medicina familiar de mi tormento el IMSS. Y es que por   más oportunidades que me daba la amable empleada del INE para que yo quedara satisfecho con la firma que tenía que trazar con un lápiz electrónico sobre la pantalla luminosa a mi disposición, nomás no me salía. Total, después de cinco intentos en que ella borraba pacientemente con un paño lo por mí garabateado para volver a intentarlo, le dije ya, esta última, se queda. Mi memoria se remontó varios años atrás, cuando todavía era necesario para los jubilados dar prueba de supervivencia presencialmente en el malhadado Seguro. Y ahí me tienen, haciendo inhumana cola detrás de otros viejitos -muchos de ellos discapacitados- para estampar mi firma en el correspondiente oficio, dando fe de que seguía existiendo. Ya desde entonces estaba yo peleado con mi firma, pero como en...

Se me escapó el Nobel otra vez

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Emprendí la lectura por ¡cuarta ocasión! de Los Buddenbrook , la sublime novela de Thomas Mann (Edhasa, 2008), descomunal obra de ¡884 páginas! que se van como agua. Más que intentar una reseña, refiero al lector a lo que aquí escribí hace más de once años y que me llena de un profundo orgullo ahora que lo recordé con esta relectura de Mann  ( https://blograulgutierrezym.blogspot.com/2014/07/schopenhauer-filosofo-maldito.html ). También trajo a mi mente otro escrito más reciente, de hace casi cuatro años, e igualmente publicado aquí sobre uno de mis tormentos más recurrente de los últimos veintidós años  ( https://blograulgutierrezym.blogspot.com/2021/12/en-oportunidades-previas-hable-sobre.html ). Que mi pereza para escribir algo más sustancioso esta vez los induzca a hurgar en estas dos viejas “joyas”.

¡Auxilio, socorro!

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Hace 22 años, en julio de 2003, salimos huyendo de la Ciudad de México para instalarnos en León. Previo a ello, adquirimos el negocio que un franquiciante manejaba por sí mismo en el centro comercial más exclusivo del Bajío: Plaza Mayor. Hasta de Querétaro nos visitaban con el único afán de comprar en el Liverpool ahí afincado. Tan sólo quince meses después, en noviembre de 2004, tuvimos que salir huyendo nuevamente, pero esta vez de dicho centro comercial: los ingresos no alcanzaban más que para pagar la obscena renta del local que ocupábamos. Años después, en marzo de 2008, nos instalamos en un nuevo sitio que estaba abriendo sus puertas, Plaza Galerías Las Torres, ya con una franquicia adquirida por nosotros al mismo franquiciante de la vez anterior. Si en ese entonces me hubieran dicho que pasados 17 años seguiríamos ahí, habría calificado de loco a quien tal afirmara. Cómo crees que un negocio micro vaya a sobrevivir esa eternidad, lo hubiera refutado, pues de esa manera ya tend...

Artes marciales

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Anoche nos aventamos Elena y yo de una sola sentada la miniserie en cuatro episodios sobre la vida y obra (en el sentido escatológico de la palabra) del despreciable legionario de Cristo Marcial Maciel. Como bien apunta en el video el periodista que dio a conocer internacionalmente el hecho, Marcial era un tipo definitivamente enfermo, pero ¿dónde termina la enfermedad y empieza la perversidad? Cuando la madre de Maciel mencionó que ya era tiempo de que el muchacho se fuera a estudiar, su padre se opuso y dijo que era hora de que se hiciera hombre, y fue así como Marcial emprendió el camino junto con un compañero y se fueron a convivir con arrieros que terminaron violándolos. Esto de ninguna manera justifica todo el mal que este demonio hizo a lo largo de su existencia. El abuso de sesenta menores y otros treinta probables durante su trayectoria eclesiástica, así como la explotación de mujeres ricas para consolidar su obra religiosa, lo pintan de cuerpo entero, además de que supo r...

¡Adiós, querido amigo!

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Para mi amigo Arnoldo Kraus, in memoriam El viernes 25 de julio de 2025, Arnoldo me escribió, tomando como pretexto el artículo que le había enviado: “Muy bonito y humano tu texto. Te felicito abrazos. No estoy bien, tengo cáncer de colon”. De inmediato le respondí: “Me dejaste  shockeado , mi querido Arnoldo. Poco se puede decir en estos casos, excepto que me duele en el alma que le pase esto a un buen amigo. Un cariñoso y solidario abrazo.” Una semana después, el viernes 1 de agosto, al no tener noticias suyas, quise saber de él mediante un mensaje en el que hacía referencia a mi radioterapia y que finalizaba así: “ Sinceramente espero y deseo que para ti exista también una terapia igualmente efectiva, que aunque no deja de ser una chinga, te mantenga con nosotros muchos años todavía. Tu amigo que te estima, Raúl.”, que él no respondió sino hasta otra semana después, el viernes 8 de agosto: “ Querido amigo: Me da gusto que todo vaya favorable para ti, me emociona leerte. Yo ...

Registro civil: ¿qué coños registran?

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El viernes 2 de abril de 1982 contraje nupcias por primera vez. Para ello, acudimos mi futura y yo a la delegación Azcapotzalco de la hoy Ciudad de México para que una jueza de paz nos diera su “bendición”. El matrimonio nos urgía, pues andábamos tramitando un préstamo hipotecario con Bancome r para nuestro nidito de amor y necesitábamos demostrar ingresos suficientes para afrontarlo. Después de la “ceremonia”, nos regresamos a nuestras respectivas ocupaciones en IBM y de ahí cada quien para su casa, ella a la de su tía y yo a la de mis padres. Por supuesto, no hubo ceremonia religiosa ni ágape por tan solemne acontecimiento, pero un mes después la susodicha andaba urgiéndome para que nos fuéramos a vivir juntos. Fue así como rentamos un departamento de mala muerte en la Unidad Habitacional Cuitláhuac en la misma demarcación, mientras construían nuestra casita en Echegaray, adonde nos mudamos en enero del año siguiente, prácticamente a una construcción en obra negra. Como verán, no ...