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Mostrando entradas de mayo, 2024

Murakami y el feminismo

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Acabo de leer la extensa novela Kafka en la orilla , de Haruki Murakami, de género realista-fantástico, del que no soy muy afecto, pero que me mantuvo muy entretenido el par de semanas que le dediqué, a pesar de que una dupla de capítulos al final resultan francamente aburridos. La novela va urdiendo medio a fuerzas la historia de sus dos personajes principales: el anciano Nakata y el quinceañero Tamura, que se autodenomina Kafka Tamura por su admiración por el escritor checo, pero además le cuadra el calificativo, pues a lo largo del relato aparece esporádicamente “un joven llamado cuervo” para “dialogar” con y aconsejar a Tamura tras bambalinas, y el homófono checo kavka significa precisamente grajo, ave muy parecida al cuervo. Al final llegan a coincidir fortuitamente los dos, Nakata y Tamura, en la ciudad de Takamatsu, pero sin tratarse personalmente jamás, y cada uno concluyendo por separado su propia historia, con puntos indirectos de contacto vía otros personajes. Pero a mí n...

Perras católicas

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A raíz de mi último escrito salió a colación Farca, mi compañero judío de secundaria en 1964, en el Colegio Cristóbal Colón, hace justo ¡sesenta años! Y no era sólo que el titular de segundo “B”, Jesús Villegas Redondo, quisiera obligarlo a ir a la Basílica de Guadalupe, sino que el titular de otro grupo y profesor nuestro de geografía y ¡civismo!, Celerino Salmerón, seglar fanático recalcitrante de derecha, incurría en francas agresiones a su persona, que no por indirectas resultaban menos deleznables. Qué necesidad tuvieron los padres de Farca de inscribirlo en una escuela confesional católica y los directivos de ésta, hermanos lasallistas, de aceptarlo, supera mi capacidad de entendimiento. Quizá fuera que la fama del colegio los llevara a afrontar el reto y aceptar las reglas no escritas de mutuo respeto planteadas por ambas partes, pues el muchacho siempre se comportó a la altura durante los momentos de oración que acostumbrábamos entre una clase y otra, de pie, con gesto adusto...

¡Cómo te odio, Dios mío!

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Estaba desbocadamente escribiendo un artículo en tercera persona con tan irreverente título sobre un niño-adolescente, Rulo, cuando me vino a las mientes que tal vez hacía varios años ya lo había redactado, pero en primera persona. En efecto, pues http://blograulgutierrezym.blogspot.com/2016/10/melancolia-me-fascina-la-etimologia.html da cuenta de ello hace casi ocho años. Nada más concluiría que lo único que a Rulo le disgustaba de su ateísmo era no tener a nadie a quien odiar por todo el daño autoinfligido.

"¡No sumes, Caro, piensa!"

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Tengo dos hijos: Caro, de 32 años de edad, y Raúl, de 30. Cuando eran pequeños: Caro, de 7-8 años, y Raúl, de 5-6, solía sentarlos a la mesa de la cocina, uno enfrente de la otra, y yo en el medio, y los sometía a cálculos mentales aritméticos sencillos: sumas, restas y multiplicaciones y divisiones muy simples. Raúl, a su corta edad, respondía correctamente con celeridad y aplomo a cuanto reto lo sometía. Caro, más nerviosa, protagónica y competitiva, se presionaba mucho y erraba algunas veces sus respuestas, que Raúl se apresuraba a corregir. En una de esas ocasiones, el niño se conmovió tanto de ver a Caro sufrir que se apresuró a aconsejar enternecedoramente a su hermanita: “¡No sumes, Caro, piensa!”, lo que provocó una franca carcajada de padre e hija ante tamaña salida. Era obvio que el niño había logrado desarrollar con el paso del tiempo ciertas técnicas mentales que le permitían responder certera y rápidamente los enigmas del progenitor. Todo esto viene a colación porque sue...

Mis sobras completas

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La gloria o el mérito de ciertos hombres  consiste en escribir bien; el de otros consiste en no escribir. Jean de la Bruy è re, citado por Enrique Vila-Matas en Bartleby y compañía . Enrique Vila-Matas ha escrito un libro, Bartleby y compañía , a propósito de grandes hombres que nunca escribieron, como Sócrates, o bien escribieron muy poco, como nuestro Juan Rulfo. El título de la obra nos recuerda al personaje del relato de Herman Melville, Bartleby, que siempre que era conminado por sus congéneres a ponerse en acción respondía invariablemente con un “Preferiría no hacerlo”, y así se la llevaba indefinidamente. Por ello, Vila-Matas pone en compañía de este espécimen a todos aquellos individuos que se negaron a escribir nada o no lo volvieron a hacer nunca después de algunos escarceos iniciales. Don Enrique dice que Rulfo achacaba a la muerte de su tío Celerino su esterilidad posterior a Pedro Páramo y El llano en llamas , ya que el señor era un mentiroso empedernido que ca...

Remedio contra la depresión

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Un libro. Y no, no me refiero a la vomitiva “literatura” de autoayuda, sino a la literatura que, por más descarnada que parezca, es capaz de mover las fibras más sensibles del alma para gozar de un arte auténtico y conmoverse profundamente con él. En esta ocasión me refiero a la novela Mancha humana , del laureado autor norteamericano Philip Roth. El ex decano de la universidad de Athena, Coleman Silk, se ve obligado a abandonar su puesto de docente por un aparente y estúpido incidente racista, sin que absolutamente nadie -vamos, ni el lector- se percate de la negritud de Silk, que ha logrado llevar su secreto hasta esas alturas gracias a su apariencia exterior, que incluso le llevó a abandonar a su familia para fingir mejor su impostura, no sin graves broncas de por medio con dicha familia. Aun así, se casó y tuvo cuatro hijos blancos, corriendo el riesgo nada improbable de que alguno de ellos pudiera resultar negro. Quizá el hijo menor, Mark, se enteró de todo ello y odió al padre. L...