El planeta azul
En una ocasión cuando yo estaba en prepa, después de una clase de física, continuamos la discusión con el maestro fuera del aula a propósito de un problema que habíamos resuelto poco antes. En un momento dado quise rebatir al docente con una engreída observación: “Pero eso querría decir que la Tierra viaja alrededor del sol a velocidades inimaginables”, a lo que el profesor respondió, bajándome los humos, con un contundente: “¿Y quién le dice a usted que no?”, quedando zanjada la disputa. Y me olvidé del asunto para siempre, igualito que con el enigma de la cara oculta de la luna que me explicaron en primaria y que nunca entendí, hasta que mi hija me obligó a comprenderlo cabalmente, cuando yo ya era un cincuentón, para que se lo pudiera explicar a ella de apenas ocho años de edad. Es decir, aquel día en la prepa volví a hacer mío el lema del insigne filósofo mexicano Juan Descartes: “Existo, luego pienso”. Nunca mejor aplicado un apelativo al meshica, que por naturaleza descarta...