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Mostrando entradas de noviembre, 2025

Voluntad anticipada

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La novela Matar a un ruiseñor , de Harper Lee, narra, entre otras cosas, la historia de dos hermanitos: una niña, Jean Lousie, de 7-8 años de edad, por todos conocida como Scout, y su hermano mayor, Jem, de 11-12, hijos, ambos, del abogado viudo Atticus Finch. Es curioso que los niños llamen a su padre por su nombre, Atticus, en vez de padre,   papá, papito o simplemente pa. La novela es narrada en primera persona por la pequeña Scout. En un momento dado, Scout se inquieta sobre lo que hace realmente su padre, pues ella únicamente lo ve por las tardes-noches leyendo sus periódicos, y durante el día, en su despacho fuera de casa, sabe que hace básicamente lo mismo: leer. Empieza a preguntarle a las vecinas qué hace su padre, a lo que una finalmente le responde, pues mira, no sé, redacta poderes notariales para fulanito, y… y… ¿por qué no le preguntas directamente a él? Ocultamente Scout como que comienza a avergonzarse de que su padre no haga nada. Por el mismo tiempo, Atticus l...

Agonías absurdas e inaceptables

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Los tres miembros de mi familia directa que han muerto (madre, padre y hermano mayor) lo han hecho tras agonías desgarradoras de años. Rescato este escrito de hace más de un lustro. La fútil existencia El lunes 13 de mayo de 1974 se suicidó de un disparo en la cabeza el político, diplomático, escritor, poeta e intelectual mexicano de primer orden Jaime Torres Bodet, a los 72 años de edad. Recuerdo que al día siguiente la prensa informaba profusamente sobre tan penoso acontecimiento, señalando que debido al cáncer que don Jaime padecía había tomado tan fatal determinación. Lo que guardé por siempre en mi memoria fue la dramática y poética línea del mensaje póstumo que el escritor dejó y el periódico que leí reproducía, donde Torres Bodet afirmaba: “Ha llegado el momento en que a fuerza de dolor no puedo seguir fingiendo que vivo”. Esta frase vuelve de vez en vez a mi cabeza y fue el caso hace unos meses, pero nunca me había dado a la tarea de buscarla, cosa que en esta ocasión inten...

¡Gracias!

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Ante la imposibilidad de hacerlo personalmente, quiero manifestar mi más sincero agradecimiento a todos aquellos que me expresaron sus condolencias por el sensible fallecimiento de mi hermano Nicolás, Coco , pues es muy reconfortante sentirse arropado por tantos. Alguna vez, en el patio de la Universidad La Salle de la Ciudad de México, se interpuso en mi camino el anquilosado maestro de biología, López Blando, que habíamos tenido en común Coco y yo con un par de años de diferencia, y me espetó a la cara sin más, pero con un rencor inexplicable y manifiesto: - Oiga, Gutiérrez, su hermano es mucho mejor que usted. - Ya lo sé, no enseña usted nada nuevo -le riposté con sarcasmo. En otra ocasión, el amigo de Coco, Rafael Conde Juaristi, que nos daba un aventón a la UNAM en su coche, me lanzó la siguiente pregunta: - Oye, Raúl, ¿qué se siente tener un hermano mejor que uno? - Pues mucho orgullo, Rafa, imagínate, si uno ya es bastante bueno, qué no se dirá de él. Malo para aquel...

Recién ocurrió

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Yo cursaba el primer grado de primaria en el edificio de enfrente, mientras que mi hermano hacía lo propio, pero en tercero, en el del otro lado de la calle. Así nos tenían dispuestos en aquel lejano 1957 en el Colegio Cristóbal Colón: los de primero y segundo por un lado, donde enseñaban puras “misses”, y por el otro los de tercero a sexto, donde prácticamente instruían puros hermanos lasallistas junto con uno que otro “civil”. Al final de la jornada, los chiquillos cruzábamos la calle para irnos a reunir con los grandulones al otro lado de Sadi Carnot, la calle donde se hallaba el colegio en la colonia San Rafael. Esto, para que ahí nos fueran a recoger nuestros padres o para esperar el servicio de los autobuses escolares que nos trasladarían a nuestras casas, como era nuestro caso. Mi hermano Coco, como llamábamos cariñosamente al carnal mayor Nicolás, religiosamente me iba a esperar todas las tardes al zaguán de su patio para encontrarse conmigo una vez que nos hubieran cruzado l...

Cuando de la adversidad surge la dulzura

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“ ... el servidor de los Once (magistrados encargados de la policía de las prisiones y de hacer ejecutar la sentencia de los jueces) entró casi en aquel momento y aproximándose a él, dijo: Sócrates, no tengo que dirigirte la misma reprensión que a los demás que han estado en tu caso. Desde que vengo a advertirles, por orden de los magistrados, que es preciso beber el veneno, se alborotan contra mí y me maldicen; pero respecto a ti, desde que estás aquí, siempre me has parecido el más firme, el más dulce y el mejor de cuantos han estado en prisión; y estoy bien seguro de que en este momento no estás enfadado conmigo y que sólo lo estarás con los que son la causa de tu desgracia, y a quienes tú conoces bien. Ahora, Sócrates, sabes lo que vengo a anunciarte; recibe mi saludo y trata de soportar con resignación lo que es inevitable. Dicho esto, volvió la espalda, y se retiró derramando lágrimas. Sócrates, mirándole, le dijo: Y también yo te saludo, amigo mío, y haré lo que me dices. Ved –n...

Aseguradoras abusivas

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Después de -literalmente- décadas de estar pagando el seguro de gastos médicos mayores de Elena sin haberlo “disfrutado” cabalmente, quisimos poner a prueba a GNP con un percance menor: la susodicha tropezó accidentalmente en la cocina y fue a dar contra el canto de una puerta. El dolor fue tan intenso que creyó haberse roto una costilla, sin embargo, dejó pasar algunos días hasta que, bajo tan intenso dolor, mejor acudió al hospital Siena, en el que no se carga ningún deducible por este tipo de accidentes, a que la revisaran y le tomaran una radiografía. Afortunadamente, sus temores fueron vanos y todo se está resolviendo con el consumo del medicamento prescrito. Total, entre una cosa y la otra, mil novecientos veintiún pesos con doce centavos. Pero, insisto, quisimos poner a prueba a GNP y su tan cacareado no-deducible en caso de accidente. Me comuniqué con mi agente de seguros, quien tan “sólo” me requirió lo siguiente (sic): 1. Identificación oficial (Ine, pasaporte) 2. Aviso...

Médica Sur, ¿calidez humana?

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En pasado día de muertos, “desenterré” la siguiente carta publicada íntegramente en Palabra de lector de la revista Proceso (número 858) el sábado 10 de abril de 1993. ¿Habrá avanzado en algo el humanitarismo en la procuración de salud de nuestras instituciones públicas y privadas en estos más de 32 años? Me aterra pensar que muy probablemente ha empeorado. Los mercaderes de la salud Señor director: Quiero denunciar ante usted los desmedidos afanes de lucro y otras irregularidades “menores” que tienen lugar en el hospital Médica Sur. El sábado 13 de marzo, mi madre, una señora mayor de más de 70 años de edad, se despertó sintiéndose muy mal y con dolores insoportables en la parte baja del vientre. Este parecía ser otro más de los innumerables y penosos padecimientos por ella sufridos a lo largo de los últimos 20 años de su vida: asma crónica, embolia cerebral, pérdida de un ojo por operación de cataratas mal practicada, fractura de cadera por una caída de las escaleras, múlti...

¡Me gané el premio mayor!

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En mayo de 2003 participé en una trivia de vinos que organizaba un periódico de la capital de la república con motivo del décimo aniversario de su aparición. El concurso estuvo abierto durante dos semanas y media y el ganador sería el que primero hubiera respondido acertadamente todas las preguntas de la trivia. El premio consistía en una visita para dos personas a los viñedos, bodegas y cavas de la compañía vitivinícola de Robert Giraud en Burdeos, Francia. Como yo, auxiliado por Internet, respondí el cuestionario el mismo día de su aparición antes de las doce del día, estaba seguro del triunfo. En efecto, cuando el 30 de junio mi nombre fue anunciado como el del ganador durante una cata en la enoteca Tierra de Vinos que el diario organizó para los veinte participantes que primero respondieron el test, ello no constituyó sinceramente ninguna sorpresa para mí, aunque sí un enorme gusto para mi esposa y un servidor. El viaje por Air France podría ser tomado por el ganador en la fecha ...

La vez que conminé a Colosio

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Parte de mi trayectoria final en IBM de México transcurrió en la Dirección de Relaciones Externas como Telecommunications Country Representative (TCR), encargado básicamente de las relaciones con los grandes corporativos empresariales y gubernamentales en materia de telecomunicaciones (SCT, Telmex, bancos). A la dirección llegaban frecuentemente invitaciones para participar en foros y reuniones de índole política, social y económica de interés general. Tal fue el caso cuando a finales de 1993 el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) nos invitó a participar en una reunión con el candidato del PRI a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio Murrieta, en un exclusivo hotel de Polanco, desayuno incluido. El director me designó para que yo acudiera en representación de IBM. El salón donde se llevó a cabo la reunión estaba a reventar, no sólo de representantes empresariales, sino de los medios de comunicación que se dieron cita en el lugar para cubrir las ac...