Muerte por encargo
No fue fácil encontrar a un sicario. Después de mucho batallar en un mundo para mí ignoto y de contratarlo por medio de interpósita persona, lo tenía finalmente ante mí para ultimar los detalles del encargo. - Se trata -le dije-, de ejecutar a un hombre que me ha hecho la vida imposible desde hace bastantes años, provocándome malestares y depresiones sin fin. - Para eso estamos, jefe –respondió el matón-, pero si me permite el atrevimiento, yo no hubiera permitido que durante tanto tiempo me hicieran la vida imposible, ¿por qué no se encargó usted personalmente del asunto desde antes o no lo intenta ahora que ha acumulado el suficiente rencor? - No, te equivocas –le respondí casi de inmediato-, no hay rencor, y en cuanto a realizarlo yo por mi propia mano, no puedo, no tengo los cojones necesarios, vamos, soy un cobarde. Además, si fallara, este individuo sería capaz de cobrárselas todas juntas y hacer de mi vida sobre la Tierra un infierno aún mayor por el resto de m...